jueves, 1 de agosto de 2019

En la frontera entre México y Estados Unidos, las suturas que separan la división son unos "sube y bajas"


Un niño juega en Ciudad Juárez con los balancines diseñados por Ronald Rael y Virginia San Fratello.




Miembros de la policía militar mexicana patrullan entre los niños y los adultos que acuden a la valla fronteriza para jugar, en Ciudad Juárez.




Familias a ambos lados de la valla acuden a esta zona de Ciudad Juárez para que los niños jueguen. En la imagen, una madre, con su hija.




Algunos ciudadanos norteamericanos al otro lado de la valla fronteriza.

Por Antonia Laborde


Las líneas en un mapa pueden crear cicatrices en el paisaje y en nuestros recuerdos. Bajo esa premisa los profesores estadounidenses de arquitectura y diseño Ronald Rael y Virginia San Fratello crearon un proyecto que este lunes le cambió el rostro a la frontera entre Estados Unidos y México: montaron unos balancines (sube y bajas) que utilizan como soporte el muro que divide ambos países, logrando que las familias de un lado jugaran con las del otro. “Si ven la imagen desde arriba, las líneas [de los asientos] color rosado parecen suturas que reparan la división”, explica Rael por correo electrónico, quien junto a su compañera San Fratello buscaron almibarar las memorias de quienes habitan la zona fronteriza. La intervención solo duró unas horas, pero los artistas lograron el cometido de que la gente que vive en una zona de constante tensión se trasladara con la imaginación a otro lugar.

"El muro se convirtió literalmente en un punto de apoyo para las relaciones entre EE UU y México. Los niños y adultos se conectaron de manera significativa en ambos lados, representando cómo las acciones que tienen lugar en un lado, tienen consecuencias directas en el otro", escribió este martes Rael en su cuenta de Instagram al compartir vídeos y fotografías de gente de todas las edades balanceándose en Sunland Park, EE UU, con otros de Ciudad Juárez, México. Ciertas imágenes dan la sensación de que fueron tomadas en blanco y negro, donde lo único que resalta es el fucsia chillón de los balancines. Los creadores buscaban contrastes, “no solo del desierto, sino de la frontera como un lugar de violencia, tal como la define el muro. El rosa puede verse como un color "divertido", pero también es el color que se usa para recordar a las víctimas de feminicidios en los tiempos violentos en Juárez (1993)”.

La imagen de las familias jugando en el balancín chocaba en medio de la crisis fronteriza. El presidente Donald Trump ha utilizado el muro como símbolo de su política antimigración desde los inicios de su campaña, transmitiendo el mensaje de que quienes llegan a solicitar refugio no son bienvenidos en la primera potencia mundial. Aunque tras más de dos años en la Casa Blanca, las amenazas del mandatario sobre el levantamiento de un muro “hermoso, grande y fuerte” han quedado relegadas al plano retórico. Según la oficina de Inmigración y Control de Aduanas (CBP, por sus siglas en inglés), desde enero de 2017 se han reemplazado tramos de la valla ya existentes en 82 kilómetros —menos del 3% del largo de la frontera con México—, y no se ha construido ni un centímetro nuevo.

Pero, aunque el muro ha cobrado mayor protagonismo durante esta Administración, el plan de construir una valla de 1.200 kilómetros se aprobó en 2005. “Este no es el muro de Trump, es un muro que existe desde mucho antes que él [fuera presidente] y deberíamos aprender las lecciones para no repetirlo en el futuro y hacer todo lo posible para reparar el daño que ha causado”, defiende Rael, criado en una cuenca entre Colorado y Nuevo México.

El profesor de arquitectura de la Universidad de Berkeley no descarta que junto a San Fratello, profesora de diseño de la Universidad Estatal de San José, vuelvan a poner los balancines o llevar a cabo otro tipo de acción en el muro. En el libro Borderwall as Architecture: A Manifesto for the U.S.-Mexico Boundary (2017), Rael plantea una serie de alternativas para desarrollar a lo largo de 900 kilómetros de barreras construidas (muros, alambradas, vallas) entre los dos países. Desde perforar un área de la valla para incrustar una mesa donde los ciudadanos de ambos países puedan celebrar una comida o montar una casa en la frontera que esté dividida por un muro en su interior para enfatizar el hecho de que la división se acerca a la vida de las personas. Todas las ideas fomentan el desmantelamiento conceptual y físico del muro “que atraviesa un ‘tercer país’: los Estados Divididos de América”.





domingo, 21 de julio de 2019

"Si alguien se incomoda, ¡cúbrase!"


Por: Isabel Ferrer

En KLM, las líneas aéreas holandesas, permiten dar de mamar a bordo de sus aviones, pero con condiciones. Si alguien se siente incómodo con la situación, las azafatas pueden pedir a la madre que se cubra mientras alimenta a su hijo. Así se lo dijeron a Shelby Angel, una pasajera estadounidense en un vuelo que realizó en junio desde San Francisco a Ámsterdam con su niña de un año. Nadie se quejó durante el trayecto, tal y como ella misma explicó en Facebook, pero la advertencia de la ayudante de vuelo a la madre ha llegado ahora a las redes sociales y KLM se ha convertido en blanco de críticas. La compañía ha emitido este jueves un comunicado donde aclara que “las madres no están obligadas a taparse y no queremos que se sientan juzgadas por hacer lo más natural del mundo, por eso, nuestro personal de cabina puede sugerirles opciones para asegurar su privacidad”.

La compañía holandesa no ha querido hacer más comentarios y se ha remitido a la nota oficial, colgada en su página Web, “que resume nuestras normas y postura: encontrar una solución aceptable para todos y que garantice la seguridad en el aire”, según sus portavoces. El comunicado añade que “nuestro deseo es que todo el mundo esté a gusto, y desde luego, que las madres de nuestros pasajeros más jóvenes pueden amamantar". Entre las posibles soluciones se incluye cambiar de sitio al pasajero que pueda quejarse, y desde luego, fiarse de su tripulación para hacer sugerencias a las madres. El tuit que ha originado el revuelo en las redes sociales fue la primera respuesta que dio KLM a Heather Yemm, una investigadora británica interesada en demencia y problemas cognitivos, según indica en su cuenta de Twitter, que se hizo eco de la queja de Shelby Angel. La madre estadounidense se negó a cubrirse, aduciendo que “a mi hija no le gusta y se pondría nerviosa”. Puso una queja formal y luego dejó escrito lo siguiente en Facebook: “Elige unas líneas aéreas que respeten la autonomía del cuerpo y el derecho a cuidar a tus hijos como mejor te parezca”. 

La OMS recomienda amamantar de forma exclusiva a los bebés hasta los seis meses, y la Organización Nacional de Comadronas de Holanda hace otro tanto, recordando que se trata de “una decisión sensata y esencial para la salud del niño”. El incidente con KLM ha llevado a otras compañías aéreas a aclarar sus políticas al respecto. “Apoyamos a las madres que amamantan, en cualquier momento, y los pasajeros que alimentan a sus hijos son bienvenidos a bordo”, reza la información colgada en su sitio de Web por EasyJet. Por su parte, Iberia, explica en conversación telefónica que “las madres y los infantes viajan en asientos especiales, con cuna, situados en la parte delantera del avión, y allí pueden dar de mamar sin problemas; solo tienen que advertirlo al hacer la reserva”.