jueves, 8 de abril de 2021

En Ecuador, nuevamente cambian al Ministro de Salud

 

 
Camilo Salinas y Mauro Falconí

Camilo Salinas se convierte en el quinto ministro de Salud que ocupa el cargo desde que empezara la pandemia, y a tan solo tres días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Ya son 5 los ministros de Salud que han salido durante el gobierno del presidente Lenín Moreno. El último en hacerlo, la noche de este 7 de abril, fue Mauro Falconí, quien asumió funciones hace poco más de tres semanas.

Quien lo sustituirá es el doctor Camilo Salinas, quien sería oficializado en las próximas horas por el presidente de la República.

Salinas fue gobernador de la provincia de Los Ríos hasta octubre del 2020, fue candidato a la Asamblea Nacional en las elecciones de pasado 7 de febrero, cuenta con un título como doctor en Medicina General y Cirugía y con una maestría en Gerencia en Administración de Salud, así como varios diplomados. Se desempeñó como secretario nacional de la Central Unitaria de Trabajadores de Ecuador.

Salinas se convierte así en el quinto ministro de Salud que ocupa el cargo desde que empezara la pandemia, y a tan solo tres días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que se celebrarán en el país el domingo 11 de abril, de las cuales saldrá una nueva Administración.

Antes de él, estuvieron en el puesto: Verónica Espinosa, Catalina Andramuño, Juan Carlos Zevallos, Rodolfo Farfán y Mauro Falconí.

Camilo Salinas se convierte en el quinto ministro de Salud que ocupa el cargo desde que empezara la pandemia, y a tan solo tres días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Ya son 5 los ministros de Salud que han salido durante el gobierno del presidente Lenín Moreno. El último en hacerlo, la noche de este 7 de abril, fue Mauro Falconí, quien asumió funciones hace poco más de tres semanas.

Quien lo sustituirá es el doctor Camilo Salinas, quien sería oficializado en las próximas horas por el presidente de la República.

Salinas fue gobernador de la provincia de Los Ríos hasta octubre del 2020, fue candidato a la Asamblea Nacional en las elecciones de pasado 7 de febrero, cuenta con un título como doctor en Medicina General y Cirugía y con una maestría en Gerencia en Administración de Salud, así como varios diplomados. Se desempeñó como secretario nacional de la Central Unitaria de Trabajadores de Ecuador.

Salinas se convierte así en el quinto ministro de Salud que ocupa el cargo desde que empezara la pandemia, y a tan solo tres días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que se celebrarán en el país el domingo 11 de abril, de las cuales saldrá una nueva Administración.

Antes de él, estuvieron en el puesto: Verónica Espinosa, Catalina Andramuño, Juan Carlos Zevallos, Rodolfo Farfán y Mauro Falconí.

 

FUENTE: https://www.expreso.ec/actualidad/camilo-salinas-nuevo-ministro-salud-perfil-102168.html?fbclid=IwAR1cjOlwzVucBfYYZWZh0rUlcJ0icoxQnF7OfFbpLUCk_TWCurfnqwNlw_k

domingo, 4 de abril de 2021

En Ecuador, el Ministerio de Salud Pública en Cuidados Intensivos, artículo de opinión de DIARIO EL UNIVERSO, 04 de abril del 2021

 

Por Walter Spurrier Baquerizo

Fracaso rotundo del Ministerio de Salud. El presidente reveló que el ministro saliente no tenía un plan de vacunación. El actual increpa a coordinadores zonales, quienes no le pueden ni siquiera informar cuántas vacunas hay disponibles. Se anuncia que se han gestionado 20 millones de dosis, pero llegan con cuentagotas y la vacunación es aún más lenta. El sistema público de salud está enfermo, en cuidados intensivos.

Las autoridades dan cifras de infectados y fallecidos por COVID muy inferiores a la realidad. La estadística oficial es que desde que se inició la pandemia ha habido 328.755 casos confirmados, la abrumadora mayoría en Pichincha, y 16.847 fallecidos. Pero se hacen muy pocas pruebas, y por ende se subestima escandalosamente la magnitud de la pandemia.

La cifra que cuenta es el aumento en el número de muertos frente al mismo mes del año anterior. La mayor cantidad son por COVID no probadas, o indirectas por el colapso del sistema de salud. Desde mediados de marzo de 2020 hay un exceso de muertes de 50.000 personas a nivel nacional, de esas 17.816 en Guayas, ocho veces la cifra oficial (2.134). En Pichincha 6.851, 2,8 veces la oficial (2.475).

Llevamos un año de pandemia y estamos al borde de entrar en otra encerrona. La pandemia repuntó en marzo. La manera de controlarla es que entre vacunados y los que se contagiaron de COVID se alcance un porcentaje alto de la población con inmunidad, sobre el 70%. Pero los que se contagiaron en aquel terrible abril 2020 que vivimos en Guayaquil ya perdieron la inmunidad, y la vacunación masiva no despega. Los expertos informan que se adquiere inmunidad después de la segunda dosis. Al cierre de marzo, solo el 0,3% de la población ha recibido dos dosis. Por lo que no estamos aumentando la población inmune, ya que los vacunados son menos que los infectados que pierden la inmunidad.

A este paso de aquí a un año no habremos terminado de vacunar, y los vacunados a inicios de la campaña necesitarán vacunarse nuevamente. Habrá nuevas cepas, y las vacunas iniciales ya no serían efectivas. No vamos a alcanzar la inmunidad de rebaño, continuaremos en crisis.

Para salir de círculo vicioso se necesita una rápida inmunización complementada con el distanciamiento social. Hay que evitar adoptar medidas de poca efectividad en reducir el contagio, pero que aceleran el agotamiento al ajuste, como restringir la circulación de vehículos privados y recortar la jornada laboral.

Esta crisis deja en evidencia el pésimo funcionamiento del sector estatal de la salud. La solución no es aumentar insosteniblemente el presupuesto, sino gastar bien los fondos asignados. Desde 2008, en que se expandió enormemente el gasto público, el presupuesto del MSP se ha triplicado a 3.000 millones de dólares, aunque la población creció sólo 19%. El gasto por habitante creció 2,6 veces, pero el usuario del sistema de salud no recibe un mejor servicio.

La crisis muestra que el nuevo gobierno deberá emprender la reingeniería integral del sistema público de salud para reducir el desperdicio y la corrupción, teniendo como norte que todo dólar gastado sea de beneficio para el ciudadano. Que no se repita este vergonzoso episodio de una burocracia que gasta $ 3.000 millones y no puede montar una campaña de vacunación.

 

FUENTE: https://www.eluniverso.com/opinion/columnistas/el-msp-en-cuidados-intensivos-nota/

 

viernes, 26 de marzo de 2021

En Ecuador el Municipio de Quito y el Ministerio de Salud Pública acuerdan cooperar en la administración de 3,2 millones de dosis de vacunas contra el CoVID-19

 

Por Daniel Romero

Tras una reunión entre el alcalde de Quito, Jorge Yunda, y el ministro de Salud Pública, Mauro Falconí, la capital de Ecuador recibirá 3,2 millones de dosis de vacunas para enfrentar el CoVID-19. Así lo anunció el Municipio la tarde del día jueves 25 de marzo del 2021

Al encuentro asistió, además del burgomaestre, la secretaria de Salud del Cabildo, Ximena Abarca, y la coordinadora técnica, Linda Guamán. Según Yunda, las dosis anunciadas servirán para inmunizar a 1,2 millones de personas de Quito y cantones aledaños

El día viernes 26 de marzo del 2021, se firmó el convenio en el Salón de la Ciudad. Con esto, según el alcalde de Quito, iniciará el proceso de vacunación con las dosis anunciadas.

Quito aportará con la logística. Yunda señaló que se cuenta con 100 espacios para la vacunación, 5 000 funcionarios, vehículos y un helicóptero. También se colaborará con intensivistas y personal médico para abrir salas sin uso en el Hospital Pablo Arturo Suárez.

Otra decisión adoptada por el Municipio es no cerrar el Centro de Atención Temporal (CAT) ubicado en el Bicentenario. Yunda dijo que hoy se recibirá a 27 pacientes que requieren hospitalización.

El burgomaestre señaló que las dosis con las que se cuenta, según el Ministerio de Salud Pública, son de Pfizer, AsraZeneca y Sinovac. Añadió que se espera que, hasta agosto próximo, toda la ciudad haya sido vacunada.

 

FUENTE: https://www.elcomercio.com/actualidad/municipio-quito-acuerdo-vacunas-covid19.html

jueves, 25 de marzo de 2021

En Guayaquil, Ecuador, por la pandemia: escuelas clandestinas

 



Por: Sara España

Es el último recurso de los que no tienen nada. En las zonas más necesitadas de Guayaquil, en Ecuador, proliferan las clases presenciales improvisadas en patios y descampados, con adolescentes que hacen las veces de maestros para que los estudiantes con mayor riesgo de exclusión no pierdan el curso.

Un gran árbol cubre con su sombra de más de 10 metros tres mesas de contrachapado y hierro desgastadas y desconchadas en medio de un descampado. Donde hoy reciben clase 15 niños, antes había un vertedero de basura. “Envié un oficio al municipio para que vinieran a limpiar”, resuelve con una normalidad y soltura impropia de su edad Dennisse Toala. Tiene 17 años y acaba de terminar Bachillerato. Es una de las profesoras que improvisó clases en Monte Sinaí, una de las zonas más inhóspitas y descuidadas de la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, a la que no llega ni el agua ni la luz. Ese espacio al aire libre en el que los niños repasan las vocales y los números es el punto más remoto de ese sector de asentamientos irregulares. Antes de llegar, las calles asfaltadas de la ciudad se convierten en vías con un cemento precario que luego pasan a ser caminos de piedra y polvo y, justo al acabarse la ruta, un barrizal arcilloso. Pero ahí, hay un rayo de oportunidad para que los estudiantes con mayor riesgo de exclusión no pierdan el curso. Sin internet, es imposible que sigan las clases oficiales virtuales que impuso Ecuador cuando comenzó la pandemia de covid-19 hace un año. 

Liam y Gael son dos gemelos de tres años. Saltan a la rayuela mientras cuentan los números. Los otros niños de su nivel esperan el turno. No se pelean. Sonríen. Es improbable que, por su edad, sean conscientes de la importancia de la labor que un día asumió la joven graduada sin que nadie se lo pidiera. Gracias a ella, todos los alumnos que han pasado por sus clases han aprobado el curso y, si comienza un nuevo año lectivo en mayo de forma presencial, no habrán quedado atrás.

Una evaluación oficial, tras entregar el portafolio de deberes completo de cada alumno a su escuela, avala los diez meses que han recibido asignaturas, rodeados de tierra y monte verde. “Yo, en realidad, quiero ser fisioterapeuta”, cuenta Toala. 

―¿Con lo que has conseguido aquí no has pensado en ser profesora?

―No, no es algo que me motive tanto. Si no me llama la atención, no lo voy a hacer bien, ―responde, vestida aún con el pantalón corto de su uniforme colegial deportivo. ―Lo hago ahora porque me entusiasma estar ayudando y cubrir esta necesidad. El lema es aprender para enseñar y cada niño enseña a sus hermanos y hasta a sus padres, ―razona con el aplomo de un adulto y el cuerpo de una adolescente. Hace una semana organizó una fiesta de graduación que daba inicio a las vacaciones. 

El próximo curso empieza el 7 de mayo en la región Costa del país andino, pero no hay certeza de que se puedan retomar las clases presenciales. En la región Sierra y en la Amazonía, el curso arrancó en septiembre; en marzo, las autoridades ecuatorianas permitieron que 77 escuelas recuperasen la educación presencial como parte de un plan piloto al que Guayaquil, de momento, ha renunciado. Mientras, Ecuador, que acaba de recibir el primer lote de vacunas AstraZeneca de la iniciativa Covax, mantiene el aumento de contagios de coronavirus: el país acumula 307.000 casos confirmados y 16.333 fallecidos declarados por el virus desde el inicio de la pandemia, con una media diaria de más de 1.300 nuevos enfermos en los últimos siete días.

Ni Liam, ni Gael, ni Sebastián ni los otros chicos y chicas de hasta 15 años que han repasado lecciones con la profesora Toala están hoy en las descorazonadoras estadísticas de deserción escolar que acaba de presentar Unicef en Ecuador. Más de 90.000 niños —de 4,4 millones— han dejado sus estudios por las dificultades de seguir clases virtuales, y el 61,2% reconoce que este año ha aprendido menos. Unos no tienen internet en su casa o deben compartirlo con sus hermanos; otros no tienen un ordenador o una tableta electrónica; otros, como muchos de los que viven en Monte Sinaí, no tienen ni mesas en sus casas. Solo dos de cada 10 alumnos ecuatorianos poseen equipos electrónicos de uso personal. “Hice una especie de evaluación previa a todos los niños para ver si presentaban dificultades en alguna asignatura. Había una niña de siete años que no sabía ni las vocales ni los colores. Con ella, repasamos todo el abecedario. Sus padres no saben leer y no podían ayudarla”. El empeño de la improvisada profesora le llevó a aprender kwicha para que el avispado de Sebastián pudiera avanzar en su escuela intercultural. “Alli puncha”, saluda. “Eso es buenos días”. Los demás están tan entretenidos, pese a que solo están para reforzar materias, que ni se distraen con la presencia extraña de los periodistas. 

Hay tres mesas. Una para cada nivel. Los de primaria en una. Los más pequeños pintan y los otros pasan fichas plastificadas con números y letras. Los de secundaria, en otra, escriben en un cuaderno lo que han desayunado y recuerdan la composición de la pirámide de alimentos. Los mayores se enredan en multiplicaciones y potencias. No hay ni un padre alrededor. No necesitan que les vigilen. “Empecé en mayo en el patio de mi casa con mis sobrinos y luego nos vinimos bajo el árbol. Los otros niños se acercaban y decían que querían pertenecer, pero yo les decía que no era una escuela”. En noviembre, cuenta, apareció personal del Municipio de Guayaquil. ¿Tuviste algún problema por dar clases presenciales a todos juntos estando en pandemia? “No, todos usan mascarilla y nos ponemos alcohol en las manos. Vinieron a ayudarnos. Enviaron a dos docentes que dedicaban media hora al día a cada niño por separado”.

Lo mismo ocurrió con las clases improvisadas que daba Nicole Rosero, también en Monte Sinaí, pero ladera abajo. Un par de profesores, enviados por las autoridades municipales, impartían clases y llevaron material escolar. “Les prometieron a los niños que les iban a entregar tabletas, pero les dejaron desilusionados. A mí me dieron un ordenador portátil, pero era de segunda mano y enseguida se dañó. No lo utilicé”. Ella tiene 19 años y lleva dos intentando entrar en la universidad. Busca trabajo, pero “está difícil”. Ha empezado un curso de Educación Infantil para ver si hay más opciones. Ni Toala, ni Rosero, ni Rubí Vallejo, otra joven comprometida con la educación de los más desfavorecidos, han cobrado nada por tantos meses de dedicación. “Hay padres que me ofrecieron algo, aunque yo nunca lo acepté; sé que aquí hay pan para el desayuno, pero no para la cena”, resume Toala. 

Vallejo vive en la otra punta de Guayaquil. Con condiciones similares. Una zona de viviendas de caña y láminas de chapa que creció en un terreno lodoso de forma irregular frente a la cárcel más grande de Guayaquil. Hace escasas dos semanas, tuvo que interrumpir las clases por los violentos amotinamientos en tres prisiones de Ecuador que se saldaron con 81 muertos. “Como estamos tan cerca de la prisión, los inhibidores de señal hacen que tengamos una cobertura muy mala. Se interrumpe a cada rato”.

Entre sus alumnos, hay niños con necesidades especiales. Uno no sabe aún hablar bien a sus siete años. Pero él interrumpe sonriente cuando la miss (señorita) hace preguntas sobre geografía. “¿Cuál es la capital de Ecuador?”, pregunta en medio de una de las sesiones con una veintena de alumnos apilados en sillas de plástico. Nadie responde. La timidez de la cámara de fotos les cohíbe. El más resuelto dispara desde la fila de atrás: “Quito”. Pasa al pizarrón, que es en realidad una cartulina con el rótulo “Luceritos del Vivir” por el nombre del grupo que han formado. “¿Y la de Colombia?”, le requiere Vallejo. Se queda en blanco y todos se ríen cómplices, con las fichas aún en blanco que les han repartido al inicio de la clase. A ese sector no ha llegado ninguna ayuda oficial, reprocha la maestra. Ni profesores de refuerzo ni atención social. Pero todos los estudiantes van a clase peinados y vestidos como si una pandemia no les hubiera aislado del resto de chicos de su edad.

 

FUENTE: https://elpais.com/planeta-futuro/2021-03-25/escuelas-clandestinas-el-ultimo-recurso-de-los-que-no-tienen-nada.html