miércoles, 26 de diciembre de 2018

El día de navidad murió Felipe Alonzo-Gómez: tenía ocho años de edad

El Gerald Champion Regional Medical Center de Alamogordo en Nuevo Mexico

Felipe Alonzo-Gómez

Un segundo niño guatemalteco muere bajo la custodia de los EE. UU. este mes. Tenía 8 años de edad y se encontraba bajo la custodia de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) de los EE. UU. Murió la madrugada de Navidad después que lo trataran en un hospital de Alamogordo, dijeron las autoridades.

La muerte del niño es la segunda de un niño inmigrante mientras está bajo la custodia del gobierno este mes.

Las autoridades no dieron a conocer los nombres del niño y su padre, pero el representante de los EE. UU., Joaquín Castro, demócrata de Texas, identificó al niño como Felipe Alonzo-Gómez en un comunicado el martes por la noche.

Las autoridades dijeron que el niño y su padre se encontraban bajo la custodia de la CBP el lunes, cuando el niño comenzó a mostrar "signos de enfermedad potencial", informaron los funcionarios de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos en un comunicado de prensa.

El niño fue llevado al Centro Médico Regional Gerald Champion en Alamogordo, a unas 90 millas de El Paso y la frontera entre EE. UU. y México, para recibir tratamiento.

El personal médico inicialmente diagnosticó al niño con un resfriado común. Luego se descubrió que tenía fiebre cuando estaba siendo evaluado para su liberación, dijeron las autoridades.

Lo mantuvieron en el hospital por "90 minutos adicionales para observación", dijeron los funcionarios. Fue puesto en libertad más tarde esa tarde, después de recibir recetas de amoxicilina e ibuprofeno.

Más tarde, mientras estaba bajo la custodia del CBP, el niño comenzó a experimentar náuseas y vómitos.

Fue llevado de regreso al centro médico para recibir tratamiento, pero murió poco después de la medianoche del día de Navidad, dijeron las autoridades.

Los funcionarios de Gerald Champion Regional Medical Center declinaron comentar sobre la muerte del niño.

"Las regulaciones de privacidad nos impiden compartir información sobre cualquier paciente individual", dijeron los funcionarios del hospital en un comunicado enviado por correo electrónico. "No podemos comentar sobre ninguno de nuestros pacientes".

La declaración agregó: "Nuestros pensamientos y oraciones están con esta familia durante este momento tan difícil".

El niño y su padre ingresaron a los EE. UU. a través de El Paso el 18 de diciembre y fueron trasladados a la estación de la Patrulla Fronteriza en Alamogordo cinco días después, según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala. El consulado guatemalteco en Phoenix está asistiendo con el caso y actualmente está esperando entrevistar al padre del niño, dijeron las autoridades.

Los funcionarios dijeron que el gobierno guatemalteco ayudará al padre y solicitará que la administración Trump realice una investigación "clara" sobre la muerte del niño.

La representante electa de los Estados Unidos, Verónica Escobar, demócrata por El Paso, dijo que el gobierno federal no ha cumplido con su obligación de proteger y satisfacer las necesidades de atención médica de los migrantes que cruzan la frontera en busca de asilo.

"Es el segundo en menos de un mes que conocemos", dijo Escobar. "No sabemos el número exacto de muertes. Lo que he escuchado de los agentes (de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos) es que se han quejado durante mucho tiempo de que no tienen la mano de obra o las instalaciones para tratar adecuadamente a las personas que están deteniendo”

Escobar dijo que no se han mejorado las instalaciones actuales de la Patrulla Fronteriza de EE. UU. para cumplir con el creciente número de solicitantes de asilo.

"Las instalaciones que visitamos, por ejemplo, en Antelope Wells y Lordsburg no estaban equipadas para manejar una afluencia de familias o un aumento en el número de familias detenidas", dijo Escobar. “Pero el gobierno federal ha sabido durante al menos cuatro años que la población que se está moviendo a través de nuestra frontera sur y la población que se presenta frente a las fuerzas de la ley que solicitan asilo son de Centroamérica y que son familias, el gobierno federal no ha hecho absolutamente nada para prepararse para estos individuos, especialmente los niños"

Escobar pidió a las autoridades federales que mejoren de inmediato la capacitación que reciben los oficiales y que provean todo el equipo médico necesario. "Nuestros agentes necesitan ser capacitados para tratar con las familias", dijo. “Necesitamos proporcionar servicios de atención médica fundamentales en el momento en que ellos (los migrantes) son detenidos porque obviamente están deshidratados, agotados y pueden tener resfriados, bronquitis u otras condiciones. Esa es nuestra obligación. Necesitamos proporcionar la infraestructura adecuada para tratar con los solicitantes de asilo.

La CBP dijo que la causa de la muerte del niño no se ha determinado y que se ha notificado a la Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional y al gobierno de Guatemala. La CBP prometió "una revisión independiente y exhaustiva de las circunstancias". Un portavoz nacional de la CBP se negó a dar detalles el martes, pero dijo que pronto se darán a conocer más detalles. Los voceros de la CBP en el área de El Paso dijeron que no podían hacer comentarios debido al cierre del gobierno.

"Debido a la actual pausa en la financiación federal, no podré devolver correos electrónicos ni llamadas telefónicas hasta que vuelva a mis obligaciones una vez que concluya la pausa en la financiación", respondió un correo electrónico del portavoz del CBP de El Paso, Roger Maier, cuando se le pidió un comentario.

La agencia aún no ha dicho cuándo o dónde entraron el padre y el hijo en los Estados Unidos o cuánto tiempo estuvieron detenidos, y solo en su declaración de que el niño había sido "detenido previamente" por sus agentes. Por lo general, el CBP detiene a los inmigrantes cuando cruzan la frontera por períodos cortos antes de liberarlos o entregarlos a la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos.

Los miembros demócratas del Congreso y los defensores de la inmigración criticaron duramente el manejo de la muerte de la niña Jakelin Caal Maquin, de siete años de edad, por parte de la CBP y cuestionaron si los agentes de la frontera podrían haberla evitado al detectar síntomas o al pedir una evacuación en ambulancia aérea antes. La CBP ha dicho que demoró varias horas transportar a Jakelin y a su padre desde una instalación remota de la Patrulla Fronteriza a una estación más grande y luego a un hospital en El Paso.




martes, 18 de diciembre de 2018

Se acaba el tiempo para Abdullah Hassan...


Una familia de inmigrantes de Yemen en Estados Unidos ha puesto el rostro más dramático a las consecuencias el veto migratorio de Donald Trump. Abdulá Hassan tiene dos años y una enfermedad terminal que le mantiene atado a una máquina en un hospital de San Francisco. No le queda mucho de vida. Su madre, que vive en El Cairo, pidió un visado para ir a verlo antes de morir, pero le fue denegado por el veto migratorio de Trump. Finalmente, ante la llamada desesperada de la familia el lunes, el Departamento de Estado decidió admitir la excepción, según anunció el abogado de la familia este martes.

El veto migratorio de Trump, dictado poco después de asumir el cargo, afectó en principio a siete países de mayoría musulmana, entre los que estaba Yemen. La medida fue anulada por los tribunales dos veces por inconstitucional, hasta que el Gobierno Trump hizo una tercera versión en la que incluía países sin mayoría musulmana (Venezuela y Corea del Norte), con lo que ya no se podía argumentar discriminación religiosa. Yemen sigue en la lista.

La petición de la familia Hassan el lunes vino a recordar que hay siete comunidades inmigrantes en Estados Unidos que siguen padeciendo los efectos de una restricción migratoria total. La madre solo quiere viajar a Estados Unidos para despedirse de su hijo moribundo. "Lo único que ella quiere es darle la mano por última vez", dijo el domingo al San Francisco Chronicle Ali Hassan, el padre del menor afectado, Abdullah, que nació con una grave enfermedad cerebral. El padre señaló que es probable que la muerte del niño se precipite si lo trasladan a Egipto, donde vive ahora la madre, Shaima Swileh.

La familia de Hassan es de Yemen y se había trasladado a Estados Unidos en la década de los ochenta, aunque mantenía fuertes lazos con su país de origen. Hassan y Swileh vivían en el país árabe cuando estalló la guerra, que ha causado desde 2015 cerca de 80.000 muertos, según estimaciones independientes. Cuando el menor tenía unos ocho meses, la familia se exilió en El Cairo.

El padre y su hijo, ambos con nacionalidad estadounidense, según Hassan, viajaron después a California —hace aproximadamente tres meses— en busca de tratamiento y con la idea de que la madre se les uniera después. Según los médicos, al pequeño no le queda mucho tiempo de vida. Abdullah padece hipomielinización, una rara enfermedad cerebral que afecta su capacidad para respirar.

"Mi esposa me llama todos los días, con ganas de besar y abrazar a su hijo por última vez", ha dicho Hassan. "El tiempo se acaba. Por favor ayúdenos a reunir a mi familia otra vez".


domingo, 16 de diciembre de 2018

Los estudiantes de la Universidad Internacional del Ecuador y las madres de los recién nacidos hospitalizados en la NEO del Enrique







Jakelin Ameí Rosmery tenía 7 años con 5 días



Por: Pablo Ximénez de Sandoval

Jakelin Ameí Rosmery Caal Maquin, una niña guatemalteca de siete años que cruzó México con su padre en una semana, aparentemente sin síntomas, cumplió siete años el pasado 3 de diciembre. Era lunes. Ese día debía de estar en algún lugar en medio de una inmensa zona desértica entre Sonora y Chihuahua, cerca de la frontera con Nuevo México. Pasó su cumpleaños acompañada por su padre, Nery Gilberto Caal Cruz, de 29 años. Habían llegado allí desde el norte de Guatemala para entrar en Estados Unidos y pedir asilo. El jueves por la noche, lograron pisar suelo estadounidense y se entregaron a los agentes de fronteras. El sábado, la niña había muerto.

Lo que pasó en esas horas es ahora el centro de una investigación del Departamento de Interior de Estados Unidos y de un escrutinio político que ha vuelto a poner en primer plano la agresividad contra los inmigrantes del Gobierno de Trump. Las muertes en las zonas más remotas de la frontera desgraciadamente no son raras. Las muertes en custodia de la policía sí lo son. Y en el caso de niños no se conocen precedentes. Aún hay suficientes lagunas en la historia como para que nadie haya señalado culpables.

Esto es lo que se sabe hasta ahora de las últimas horas de vida de Jakelin Ameí Caal Maquin:

La familia Caal vive en un pueblo llamado Raxruhá, en Alta Verapaz, en el norte de Guatemala. Allí están su madre y sus tres hermanos. El padre y la niña emprendieron la ruta el viernes 30 de noviembre. Estuvieron viajando una semana. Ese día, los coyotes los llevaron junto a un grupo de unas 40 personas en autobús hasta la frontera entre Chihuahua y Nuevo México. Allí se encontraron con otro grupo más grande.

Les dijeron que caminaran hasta un muro y cuando llegaron lo rodearon hasta que vieron una zona en la que ya no había. Pasaron tres alambradas. Después de caminar un rato, los encontró la Patrulla Fronteriza. El grupo completo lo formaban 163 inmigrantes. Los llevaron al único edificio en kilómetros a la redonda: el minúsculo puesto fronterizo de Antelope Wells, en medio del desierto. Allí solo había cuatro agentes de la Patrulla Fronteriza. Eran las 21:45 del jueves 6 de diciembre, según informó el departamento. Debía de haber 1 ó 2 grados de temperatura.

En el puesto de Antelope Wells no había servicios médicos. Un agente de fronteras dijo a la agencia Reuters que los inmigrantes “llevaban bastante tiempo viajando por México” cuando llegaron al puesto. Allí, los agentes fueron entrevistando y abriendo fichas a todos los detenidos según el protocolo habitual. Jakelin Caal no presentaba síntomas de ningún tipo. A su padre le preguntaron si la niña tenía alguna enfermedad y dijo que no y que en el trayecto había estado bien.

No está claro si hubo un problema de comunicación. La lengua materna de Nery Gilberto Caal no es el español, sino el q’echi, de la familia lingüística maya. Caal ha dicho a los funcionarios del Consulado de Guatemala que se encuentra más cómodo hablando en q’echi y los trámites se han hecho en ese idioma gracias a un intérprete, ya que no entiende del todo español.

El lugar por donde cruzaron los inmigrantes es tan remoto que el centro de detención más cercano se encuentra en Lordsburg, Nuevo México, a unos 150 kilómetros al norte por carretera. Los agentes no podían transportar al grupo entero, por lo que lo hicieron en dos tandas. El traslado empezó en autobús a medianoche. Primero llevaron a unos 50 menores no acompañados. Sobre las cuatro de la madrugada, el autobús volvió por un segundo grupo. En este viaje iban Jakelin y su padre. Durante el tiempo que estuvieron esperando tuvieron acceso a comida, bebida y aseos, afirmó el cuerpo policial.

En el autobús, la niña empezó a vomitar. Faltaba más de hora y media de viaje y le estaba subiendo la fiebre. Fue atendida “de inmediato” por paramédicos de la Patrulla Fronteriza. Cuando llegó al centro de detención, a las 6:30 del 7 de diciembre, no respiraba. Un equipo médico la atendió allí mismo. Tenía 40,9 grados de fiebre. Los servicios médicos del condado de Hidalgo decidieron su traslado a un hospital. A las 7:45, Jakelin despegaba en un helicóptero rumbo a El Paso, a 250 kilómetros. Los agentes llevaron a su padre en coche.

En el hospital, un escáner reveló inflamación en el cerebro. Le fue diagnosticado un fallo hepático. Jakelin tuvo un paro cardíaco a las 11:00 del viernes. Los médicos lograron reanimarla y después la salvaron de un segundo paro cardíaco. Su padre estaba con ella. La niña pasó el resto del viernes medianamente estable. El sábado, a las seis de la mañana, la patrulla fronteriza informó al padre que la niña había fallecido en la madrugada.

Muchas preguntas permanecen aún sin respuesta. El departamento de seguridad de fronteras (CBP) tardó cinco días en dar a conocer la tragedia y lo hizo en una nota de The Washington Post, el jueves por la noche. En esa información, afirmaba que la niña “llevaba días sin comer ni beber” y decía que la causa de la muerte había sido deshidratación, citando al CBP. El padre, sin embargo, ha dicho a los diplomáticos de Guatemala que durante el trayecto los traficantes les dieron de comer pollo y fruta. La fruta era lo que más le gustaba a Jakelin.

Nery Gilberto Caal se encuentra muy afectado. Menciona constantemente a Dios. Tras el fallecimiento de su hija, volvió a la estación de Lordsburg. Cuenta que los agentes le dejaron solo en una habitación, separado del resto, y estuvieron muy atentos con él preguntándole cada poco si necesitaba algo. El lunes 10, lo dejaron en libertad, monitorizado, por razones humanitarias. Ahora se encuentra en un albergue para inmigrantes en El Paso.

Caal pidió al Consulado de Guatemala en Del Río que le permitieran despedirse del cuerpo de su hija. Finalmente, pudo hacerlo este viernes, en la funeraria La Paz, en El Paso, donde estuvo una hora a solas con el féretro, entre las dos y las tres de la tarde. Después, volvió al albergue.

La autopsia tardará al menos una semana más, según los plazos que ha dado el forense del condado. Una vez que se emita esa autopsia se podrá hacer el certificado de defunción de Jakelin Ameí Caal Maquin, un nombre que ya para siempre formará parte del encendido debate sobre la inmigración irregular en Estados Unidos. El Gobierno de Guatemala pagará la repatriación del cuerpo a Raxruhá, en Alta Verapaz, donde lo espera su madre. El padre aún no ha decidido si tomará ese avión. Si se va, perderá su única oportunidad de pedir asilo el próximo enero ante un juez de inmigración. Si se queda, el cuerpo de su hija de siete años volverá a casa solo.