Editorial de Diario EL
COMERCIO del sábado 05 de agosto del 2017.
Por Diego Cevallos
Rojas
Columnista invitado
El trato al paciente en gran parte de los hospitales públicos de Ecuador es
arcaico y atenta contra sus derechos. Esta realidad, que por cotidiana parece
normal, es una muestra del retraso del país y de su sistema de salud, atrapado
en la idea de que los profesionales atienden enfermedades y no personas.
Despertar al paciente en la madrugada, mantenerlo horas sobre camillas
tiritando de frío, ignorar sus preguntas, tratarlo como analfabeto, limitar el
tiempo de visita, conducirlo en bata por pasillos atestados de personas, darle
alimentos desagradables y tratar a sus familiares como estorbo, son realidades
que muchos de los lectores las habrán visto o sufrido.
El vínculo entre atención clínica y servicio humanizado, que según lo indica la
evidencia, mejora los niveles de seguridad, genera ahorros al erario y permite
al usuario una recuperación óptima y menos recaídas, está ausente en muchos
centros hospitalarios privados y públicos.
Lo que es realidad en servicios de salud de otras latitudes, en Ecuador parece
un ideal inalcanzable. El usuario está acostumbrado a callar y soportar. Se ha
olvidado de que la razón de ser de un hospital es atender a una persona
integral, no un pulmón enfermo, un hígado o un tumor, no una infección o una
herida.
En los servicios de salud se requieren procesos educativos y espacios de
participación activa para pacientes y familiares, oferta de entretenimiento,
comida placentera, atención al diseño hospitalario y entrenamiento del
personal, incluidos médicos y directivos, para que se comuniquen y traten
adecuadamente a los usuarios.
Además, hay que poner fin a la perniciosa y hasta peligrosa práctica de
compartimentar la atención de los especialistas (neurólogo, urólogo, cardiólogo
o psiquiatra, cada uno por su lado).
Por un tema familiar tuve la oportunidad de acercarme a parte de la realidad
hospitalaria púbica y conocí hechos lamentables. No todo es así, ciertamente,
pero eso no es consuelo.
Se requiere procesos
de cambio organizacional en el sistema y que el personal aprenda y se entrene
en atención centrada en el paciente. Hay evidencia sobrada que indica que un
paciente sana mejor, tiene menos recaídas e incluso sale fortalecido de una enfermedad,
si recibe, junto a sus acompañantes, un trato adecuado y se le alienta a
participar y a empoderarse.
La atención clínica es esencial, pero también lo es poner a los pacientes en el
centro, considerar a los familiares aliados, permitir visitas 24/7, ofrecer
entretenimiento, etc.
Si
todavía usted no ha ingresado a un hospital por enfermedad, casi le aseguro que
lo será en el futuro. Por todos, el trato deshumanizado debe terminar ya.