domingo, 1 de febrero de 2015

Historias de Niños II


En Dakar, la capital de Senegal, los gemelos Moustapha y Mohamed han llenado de vida la casa de los Coly, una familia de clase media que sueña con que sus hijos puedan estudiar en el extranjero.

Cuando a Nalla Diouf le dijeron que estaba embazada casi se cae de la silla. Es que ya había cumplido los 48 años y empezar de nuevo con la crianza no entraba en sus planes. Pero cuando le informaron que en su vientre había, no uno, sino dos pequeños embriones, a Nalla le entraron auténticos sudores. Su marido, Moustapha Djamil Coly, recuerda ese día perfectamente. “No es posible”, pensó, “somos demasiado viejos para esto”. Ahora, un año y medio después, los pequeños Mohamed Bosco y Moustapha Ouezzin corretean por el patio de su casa, se pelean, ríen, juegan a la pelota, se suben a las mesas y, en fin, se han convertido en los auténticos dueños y señores del hogar. La vida de la familia gira ahora en torno a ellos. “Un auténtico regalo de Dios”, aseguran ahora sin dudar un instante los encantados padres.

La casa de los Coly se encuentra a unos cien metros de la céntrica avenida Burguiba, en el corazón del barrio Liberté 1, una zona de clase media. Es una residencia típica: una sola planta con un enorme salón, cuatro habitaciones, cocina y baños en el exterior. Sin embargo, el corazón de la casa, el lugar donde se come, se tiende la ropa, se prepara la comida, se toma el té y se juega, es un patio en forma de L protegido del calor por un techo alto de chapa. Allí es donde Mohamed y Moustapha pasan la mayor parte del tiempo, vestidos solo con sus pañales o desnudos y luciendo en el cuello los amuletos o gri-gris que, supuestamente, les protegen de enfermedades y les alivian el dolor de los dientes, correteando de un lado para otro, jugando con su pequeño triciclo o con la pelota de plástico, bajo la atenta mirada de los adultos, casi siempre su madre, sus tías, sus hermanos mayores o sus primos, mientras el padre trabaja en una fábrica situada en Mbao, en las afueras de Dakar.

Los gemelos nacieron de parto natural el 5 de marzo del 2013, tras un poco más de ocho meses de gestación. El primero en llegar al mundo fue Mohamed, que pesó 2,1 kilogramos, mientras que su hermano Moustapha, con 2,4 kilos, se hizo un poquito el remolón. El alumbramiento tuvo lugar en la clínica Niang, un establecimiento privado situado en el Bulevar Charles de Gaulle de Dakar. En un primer momento, ambos fueron alimentados con biberón pero, con el paso de los días, su madre logró introducir también la leche materna, alternando ambos. La madre apenas se despega de los pequeños un instante, siempre los tiene cerca. Pero hacen falta mucho más que dos ojos y dos manos para gestionar este aluvión de energía que se ha desencadenado en la casa de los Coly. Afortunadamente, voluntarios no faltan.

La pareja formada por Moustapha y Nalla, que en la actualidad tienen 54 y 50 años respectivamente, ya tenía tres hijos. El mayor, Alain David, de 23, está ahora en Estados Unidos estudiando Ingeniería Informática gracias a una beca. Pero las dos chicas siguen en casa y se han convertido en una ayuda imprescindible para la madre en el cuidado de los gemelos. Se trata de Aisha, de 20 años, que comienza ahora la Universidad, y Mariame Janette, de 12, que cursa sus estudios en el barrio. Entre ambas, su primo Dominique, que revolotea todo el rato por allí, las dos hermanas de Moustapha que viven también en la casa, y otros familiares y vecinos, cuidados, atenciones y mimos a los pequeños no les faltan.

El concepto de familia extensa es algo muy conocido en Senegal. Además, tienen una empleada llamada Ndew que asume el peso de las tareas del hogar para dejar a Nalla más liberada, sobre todo teniendo en cuenta que los niños no van ni irán a una guardería. “Hay una en el barrio pero cuesta 60.000 francos CFA al mes por niño (unos 90 euros)”, explica la madre. Una cantidad que descalabraría el presupuesto familiar.

Moustapha, que trabaja en Industrias Químicas de Senegal y gana 300.000 francos CFA al mes (unos 450 euros), es un firme convencido de las bondades de la educación, de lo importante que es que sus hijos estudien. El acceso de la mayor parte de la población infantil al sistema educativo es uno de los cambios más importantes que ha vivido este país en los últimos 50 años y el padre de los gemelos es una buena prueba. Él hizo su Bachillerato en Dakar y luego se fue a Lyon (Francia) para estudiar Ciencias Sociales. Aunque no logró obtener su diploma, permaneció 10 años allí y la experiencia le cambió la vida. “Tengo la suerte de conocer los dos mundos, lo que me permite tener un criterio más amplio para elegir lo mejor para mis hijos. Quiero que estudien y que lo hagan en los mejores lugares posibles”, asegura. Ahora está luchando para mandar también a su hija mayor al extranjero, “la Universidad en Dakar es una fuente constante de inestabilidad”, dice. Respecto a los pequeños, lo tienen claro: empezarán su formación el próximo año en la escuela franco-coránica RAHMA que está en el barrio. Es decir, aprenderán los preceptos del Islam, pero también comenzarán su instrucción en la lengua francesa y otras materias, como las matemáticas.

Ajenos a estos planes, Moustapha y Mohamed juegan cada día en el patio. Apenas balbucean algunas palabras en wolof (la lengua nacional) y su única ocupación es divertirse y comer. Y no se les da mal ninguna de las dos. “A los seis meses empecé con papillas de frutas y cereales, pero ahora comen casi de todo. Patatas, spaghettis con carne picada y les encanta el arroz blanco solo. Sin embargo, rechazan el pescado y las verduras”, asegura su madre. Pero para estar sanos y prevenir enfermedades, además de la alimentación, es fundamental la vacunación. En cuanto alcanzaron los tres kilos de peso, aproximadamente dos meses después de nacer, empezaron los pinchazos. Primero la difteria, luego el tétanos, la tosferina, la polio, la rubeola y, finalmente, la fiebre amarilla, todas ellas bajo la supervisión de la pediatra Mame Ami Sene del Centro de Salud de Grand Dakar.

Los gemelos están bien de salud. Tan solo han tenido algún resfriado y una infección en la boca que se manifestó con llagas. El problema es que cuando uno coge cualquier virus o infección, el otro se contagia de inmediato. Al caer la tarde el sol da una pequeña tregua. Es entonces cuando los pequeños hacen sus primeras incursiones en el exterior, siempre de la mano de algún adulto. Hoy toca que su primo Dominique, estudiante de Electrónica, les lleve al campo de fútbol del barrio, una extensión de arena con dos porterías. El barrio es seguro, calles asfaltadas, iluminación por la noche, todos se conocen. En otras ocasiones van a un pequeño parque infantil un tanto abandonado o al aparcamiento del supermercado donde pueden correr. Una vez fueron a visitar la isla de Gorée y a sus padres les gustaría llevarlos un día al parque de atracciones Magic Land, pero “es muy caro. Puedes gastar 15.000 ó 20.000 francos CFA por cada niño un solo día (entre 25 y 30 euros)”, explica Nalla.

Cada día desarrollan su propio carácter. Moustapha es el más activo, “el más desobediente”, dice su madre, “se ríe mucho y nunca se está quieto. Por aquí pasa mucha gente porque yo vendo helados para tener unos ingresos extra en la casa y a él le encanta hacer caras y arrimarse a todos los niños que vienen. Es muy simpático”. Mohamed, sin embargo, obedece un poco más, está más atento a lo que le dicen los adultos. A primera vista es difícil diferenciarlos, pero pasadas unas horas se aprecia que Mohamed tiene la cara más redonda y que Moustapha es ligeramente más pequeño. El 24 de julio pasado ambos medían 35 centímetros y pesaban unos 12 kilos.

No tienen muchos juguetes, un triciclo, algún que otro coche, un ordenador para bebés ya sin pilas. Pero en el terreno de fútbol persiguen la pelota como si les fuese la vida en ello. A veces se tropieza uno con el otro y se caen. Su madre, que les deja ir tranquila con su sobrino, sueña un futuro prometedor para ambos, un porvenir que en buena medida refleja también la mentalidad de la clase media senegalesa. “Me gustaría que Mohamed fuera un gran médico o un gran profesor de la Universidad, mientras que Moustapha podría ser un futbolista de éxito. ¡Golpea muy bien la pelota!”. A la caída de la noche, los niños regresan de su excursión diaria. Es la hora de la cena. Sin embargo, aún tardarán en ir a dormir. “Suelen caer a las doce de la noche o la una de la madrugada. Y a las nueve o diez ya están despiertos otra vez”, explica su madre. A las dos de la tarde suelen hacer una siesta.

Con la oscuridad, un instante de paz. Es la hora de las conversaciones tranquilas en la casa. Al padre le preocupa cómo sacar adelante a la prole. “A veces se hace difícil con mi sueldo”, asegura. Afortunadamente no tienen que pagar alquiler, porque la casa es heredada de su padre, pero así y todo Moustapha Coly tiene que hacer muchas economías. “Voy muy justo, pero Dios siempre acaba proveyendo”. Se nota que ambos son muy religiosos, musulmanes, como la mayoría de los senegaleses. Gente de paz. En la familia también hay cristianos, pues los abuelos paternos, procedente de Bignona, en Casamance, lo eran. De hecho, Moustapha se convirtió al Islam ya de mayor. Los niños interrumpen todo el tiempo agarrándose a las piernas de los mayores, pidiendo que los cojan o lanzando objetos al suelo. Su padre los observa con una sonrisa. “¿Sabes?”, dice, “poco antes de que Nalla se quedara embarazada ella fue a la Meca. Estoy seguro de que Dios la bendijo y nos bendijo a todos con los pequeños. Ella está agotada, pero feliz. Y sé que los pequeños nos traerán muchas cosas buenas durante toda la vida y que nunca nos faltará para alimentarles”.


miércoles, 28 de enero de 2015

Historias de Niños I


Sira es una niña sana y feliz que vive en un pueblo de Cantabria (España) y que, al nacer, pesó 1.835 gramos no habiendo cumplido ni ocho meses de gestación.

Sira Moreno Cámara nació el 8 de febrero de 2012, mediante cesárea, en el Hospital General de Castellón, en la Comunidad Valenciana, donde su madre, Alejandra, había ingresado de urgencia porque tenía la tensión demasiado alta y eso estaba provocando sufrimiento fetal. La culpa la tuvo el lupus que le habían diagnosticado en el 2007 y que convirtió su embarazo en una experiencia de alto riesgo. Aún así, Alejandra siguió adelante y, entre grandes dificultades, Sira llegó al mundo, aunque pudo ver poco de él porque fue introducida inmediatamente en una incubadora en la que vivió sus ocho primeros días de vida.

Sobrevivió gracias a cuidados médicos que la hicieron engordar hasta los 2.200 gramos que pesaba al salir del hospital, dos semanas después. Quizá su supervivencia y la de su madre fueron posibles porque viven en España, el décimo país en el mundo con la tasa más baja de mortalidad infantil (3,37 por cada 1.000 nacidos vivos) y el décimo segundo en el caso de mortalidad materna (seis mujeres por cada 100.000 nacidos vivos), según datos del 2012.

Luego de dos años, es una niña sana y vivaracha que se sorprende con todo lo que descubre a su alrededor. De nariz diminuta, enormes ojos marrones y labios de fresa, hoy tiene un peso y una estatura normales para su edad. “Al principio no tenía ni fuerzas para succionar el biberón y había que alimentarla con una sonda”, cuenta su madre. Pero desde que salió del hospital comenzó a engordar y ya no paró. “A los ocho meses parecía un bollo”, ríe Alejandra mientras enseña una de sus fotos. Se alimentó desde el primer día con biberones porque su mamá no podía darle el pecho debido a la medicación que toma para su enfermedad. Un bote de leche preparada para prematuros, que Sira tomó durante los dos primeros meses, cuesta 30 euros y dura unas dos semanas. El resto del año, Alejandra calcula que pagó unos 800 euros por leches de continuación y papillas varias.

Inquieta y parlanchina, Sira enseña sus juguetes sin timidez: su armario para colgar los chupetes, sus joyas de princesa, su oveja con ruedas, el unicornio balancín o el “quejo” (conejo) de peluche sin el que no puede dormir. Salta sobre su mullida cama haciendo que sus finas trenzas negras revoloteen alrededor de su cabeza. Parece despreocupada, tiene sus necesidades cubiertas y recibe toda la atención de sus padres, como hija única que es. Y lo seguirá siendo, pues Alejandra y Yovani entienden que otro embarazo sería muy peligroso.

Pese a que nació tan frágil, salvo algún catarro, nunca se ha enfermado y ha acudido a todas las revisiones médicas que le tocaban. “Miran su peso, su estatura y si hace todo lo que tiene que hacer a esa edad: a los tres meses miran si sabe coger objetos, a los 12 si ya camina…”, relata Alejandra. Salvo una, tiene puestas todas las vacunas del Calendario de Sanidad, que son gratuitas en Cantabria a excepción de dos: la del rotavirus y la de la meningitis. “La primera es a los nueve meses y no se la puse porque sirve para prevenir vómitos y diarrea y, como no iba a ir a la guardería, no la vi necesaria”, explica Alejandra. La segunda, pese a que vale 96 euros, sí se la puse, porque me da mucho miedo esa enfermedad”.

La alimentación de la niña es completamente normal; come de todo, aunque le gusta más lo salado. “No es mala comedora, prueba todo pero no mucha cantidad, y yo tampoco la obligo porque no quiero que la hora de la comida se convierta en un trauma”, dice su madre. Su manjar favorito son los macarrones con tomate, pero también le gustan mucho otros platos: “Alubias, lentejas… no le hace ascos a nada de eso”, dice Alejandra.

Sira y sus padres, Alejandra y Yovani, viven en un piso a 10 minutos caminando del centro histórico de Santillana del Mar (Cantabria), un pintoresco pueblo declarado Conjunto de Interés Histórico-Artístico repleto de abigarradas casas de piedra embellecidas con maderas nobles, flores en los balcones y rodeada de colinas, bosques y vacas. La vida no es fácil para esta familia: él, obrero, lleva más de dos años en paro y está a punto de terminar de cobrar la ayuda familiar para desempleados de 426 euros. Ella, enfermera sin plaza fija, realiza sustituciones de manera esporádica y cobra una pensión de 200 euros al mes por la discapacidad del 69% que le ha acarreado el lupus.

Pese a todo, se encuentran mucho más a gusto que en la ciudad de Alejandra, Castellón, pues creen que Sira crecerá mucho mejor en el campo.

Es domingo por la tarde y Sira debe acostarse pronto para ir a la escuela al día siguiente. Cena sopa de fideos, después su padre le da un baño y, como última tarea, se afana en hacer pis en su sofisticado orinal. Ya le han quitado los pañales, pero está en esa etapa en la que hay que andar muy pendiente de ella. Después, se acurruca en el sofá con su pepe y su "quejo" y va quedándose dormida, muy despacio, mientras sus padres cenan en la mesa contigua. Hasta este año, ha estado siempre en casa, con su padre o con su madre. No ha tenido niñeras ni ha ido a guarderías. “No ha hecho falta, nosotros nos podemos ocupar y, si alguna vez hemos necesitado ayuda, su abuela paterna vive cerca y se ha quedado con ella”, cuenta Alejandra. Este es el primer año de la niña en el colegio público Portus Blendium, en la vecina localidad de Suances, a ocho kilómetros de su casa. “Lo elegimos siguiendo las recomendaciones de otros padres; tenemos amigos con hijos de la misma edad en este y en el de Santillana y los que van al de Sira están más adelantados que los otros”, explica Yovani. “Aprende lenguaje, música, psicomotricidad… ¡Y solo tiene dos años! Me parece que tienen un programa muy completo”, coincide Alejandra. Pese a que está en otra localidad, tardan 10 minutos en coche, y no les cuesta llevarla.

Yovani y Alejandra tienen claro que, para Sira, el equivalente a un buen porvenir es darle la mejor educación que esté en su mano. Aunque todavía es muy pequeña, Alejandra querría que estudiase pero, sobre todo, que sea una mujer autónoma y aprenda a ganarse la vida. “En realidad me da igual si estudia o no, y si va a la universidad o no, pero que nunca tenga que depender de nadie y, sobre todo, que haga lo que le guste”.


El trabajo médico visto desde otro punto de vista



lunes, 26 de enero de 2015

Carl Vilhelm Holsoe (1863, Aarhus, Dinamarca - 1935, Asserbo, Dinamarca)

Lactancia

Carl Holsoe fue un miembro destacado de la escuela danesa de pintura de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.

Es característico de su estilo el estudio de la luz y de la sombra y de sus efectos sobre las superficies y objetos en un interior. A través de la representación de figuras solitarias, por lo general mujeres con identidades ocultas, sus pinturas evocan una naturaleza melancólica de introspección y ensimismamiento. Su obra, influenciada por la de los maestros holandeses de pintura de interiores del siglo XVII, Vermeer, de Hooch y ter Borch, exploró el contenido emocional inherente en el interior de los hogares.

domingo, 25 de enero de 2015

¿Qué tienen que ver Jurassic World, los dinosaurios y las incubadoras Caleo de Dräger?



A primera vista, la relación entre la película de Universal/Legendary Pictures, que se estrenará este año, y aquellos animales extintos es bastante obvia: se trata de una secuela de las antiguas películas de Jurassic Park. En cambio, el papel que aquí juegan los equipos para el tratamiento térmico de los recién nacidos humanos no parece muy claro; aunque, si se mira con cuidado el intervalo correspondiente a los minutos 1:23 a 1:27, podremos ver a las incubadoras que tenemos en la Unidad llevando, en este caso, huevos de dinosaurios.

viernes, 23 de enero de 2015

El nuevo Hospital Gineco-Obstétrico "Alfredo G. Paulson" y el Complejo Hospitalario "Alejandro Mann"



Frente a la creciente demanda de atención de servicios Gineco-Obstétricos y Neonatales, desde junio del 2012, la Junta de Beneficencia de Guayaquil ha emprendido uno de sus proyectos más importantes: la construcción del nuevo Hospital Gineco-Obstétrico "Alfredo G. Paulson" que cuenta con un importante aporte de la fundación Paulson Family, presidida por John Paulson, descendiente de padre ecuatoriano y que estará ubicado en la ciudadela La Atarazana, en la Av. Roberto Gilbert Elizalde y Av. Democracia, de la ciudad de Guayaquil, en Ecuador, junto al Hospital de Niños "Roberto Gilbert" con el que tendrá comunicación directa por medio de un puente peatonal que se colocará en el primer piso de ambos Hospitales, conformando así el Centro Materno-Infantil más grande de Latinoamérica que tendrá 450 camas y 500 cunas y cuya culminación está prevista para mediados del 2015.

La construcción de este moderno hospital tiene ya un avance de obra del 64.51% y en su área de construcción de 36 mil m2 se levantará un edificio de cinco pisos con una moderna infraestructura hospitalaria que contará con: sistema electrónico y mecánico, servicio de seguridad, sistemas de control y climatización y redes de gases medicinales y equipamiento médico y auxiliar de última tecnología.

El Hospital contará con un área de Neonatología debidamente equipada con 216 cunas, Unidad de Cuidados Intensivos, Cuidados Intermedios y Recuperación, 8 salas de parto, 8 salas de labor, 4 salas de curaciones (una en cada piso), 10 salas de observación, 20 quirófanos (ginecológicos, obstétricos y emergencia), área de Hospitalización con 337 camas para atender anualmente a cientos de miles de mujeres de escasos recursos económicos con capacidad para atender más de 30.000 nacimientos anuales y 32 consultorios de Consulta Externa para una amplia gama de especialidades relacionadas con la atención de la salud Gineco-Obstétrica en un ambiente moderno y confortable para las futuras madres y los pequeños pacientes.

El área de construcción correspondiente al Edificio Principal del Hospital "Alfredo G. Paulson" es de 32.355,89 m2 y de 1.020,48 m2 para la Casa de Maquinas. En el Complejo Hospitalario, que se llamará "Alejandro Mann", también se considerará el edificio de Consulta Externa, cuyo diseño contempla un área de 6.677,60 m2. En su planta baja se ofrecerá atención en consultorios, mamografías/densitometría, banco de sangre, farmacia, cafetería, baños generales, archivos, salas de espera, circulación; y, en su planta alta, se ubicará docencia, oficinas de convenios y vigencias de derechos, call center y baños.

Todos los pisos contarán con su mezzanine. En el primero se ubicarán las áreas de Neonatología para Cuidados Intensivos, Cuidados Intermedios, Prematuros, Neonatos Infecciosos, Enfermería, Áreas de Soportes, Quirófanos y Sala de Recuperación; en el segundo, tercero y cuarto se habilitarán salas de hospitalización para pacientes, neonatos y áreas de enfermería; además de otra capilla, áreas de soporte, salas de voluntariado e informática.

Además, contará con una amplia zona de parqueo subterráneo y exterior con capacidad para 325 vehículos, lo que dará mas facilidades a pacientes y familiares.

Finalmente, existirá una clínica privada con instalaciones y equipos propios a disposición de personas que los deseen y tengan capacidad de pago. El servicio privado ayudará a solventar los gastos de los pacientes de escasos recursos económicos del área de atención general.

Gracias al aporte de John Paulson, se realizarán obras adicionales al proyecto original que significan una ampliación de 7 mil m2 a los 33 mil m2 iniciales. Estos cambios aumentaron el presupuesto a 44 millones de dólares por lo que se resolvió, de parte de los donantes, la Fundación Paulson de Estados Unidos y la Junta de Beneficencia de Guayaquil, aportar, equitativamente, 14 millones de dólares adicionales.

jueves, 22 de enero de 2015

20.000 nacimientos cada año al filo del desierto

Bebés bajo fototerapia en el Hospital Público de la Mujer Pannadhay, en Udaipur, al norte de India.


Cada día paren unas 55 mujeres en este Hospital. El centro cuenta con 440 camas y está en remodelación para aumentarlas en un centenar.


Embarazadas de ocho distritos cercanos vienen a este Hospital porque es uno de los mejores para los habitantes de las zonas desérticas de Rajastá.


Lila junto a su segunda hija.


Varios integrantes de las familias acompañan a las mujeres en el alumbramiento aún cuando tengan que quedarse a dormir en el suelo. Se quedarán un par de días en caso de parto normal y hasta seis en casos de cesárea.


En la sala de espera, los parientes pendientes de noticias de las mujeres que están dando a luz.


Fuera del Hospital, esta cuna tiene un dispositivo eléctrico que avisa cuando se ha abandonado a un bebé.


Aunque la edad mínima legal para casarse de las mujeres es 18 años, con frecuencia contraen matrimonio mucho antes. También muchas mujeres jóvenes tienen múltiples partos en poco tiempo.


El Hospital Público de la Mujer Pannadhay pertenece al Hospital General Maharana Bhupal, en Udaipur, que atiende a gente que vive en el cinturón tribal de Rajastán, el estado más grande de India.
 

Una mujer camina con su hijo fuera del hospital de Pannadhay.
 
El Hospital Público de la Mujer Pannadhay, en el estado de Udaipur, es uno de los mejores en esta zona de desiertos de Rajastán, al norte de la India y últimamente ha reducido drásticamente sus tasas de mortalidad. Aquí se atienden a los habitantes de ocho distritos vecinos, incluyendo algunos del cercano estado de Madhya Pradesh. A pesar de la gran demanda que tiene, o tal vez precisamente por eso, se encuentra en plena remodelación para aumentar un piso. Trabajadores de la construcción van y vienen cargando ladrillos o bambús. El polvo y el mal olor se aprecian en varias zonas del recinto.

Lila, de 24 años, llegó hasta aquí desde una aldea a 50 kilómetros a parir a su segunda hija. Tuvo el primero a los 18 años. A la recién nacida le llamará Lakshmi, la diosa de la abundancia. Casualmente el gobierno estatal le dará, en tres pagos, 6.000 rupias (unos 78 euros) en una iniciativa para intentar frenar el aborto selectivo de las niñas a favor de los niños, un problema en un país donde por cada 1.000 varones nacen sólo 908 mujeres. Justo afuera del hospital hay una cuna con un dispositivo eléctrico que avisa cuando se ha abandonado a un bebé. En la mayoría de los casos es una niña.

Lila cuenta que cerca de su casa también hay un hospital más pequeño que éste, pero que se ha enteró de muchas complicaciones en él, así que decidió acudir al Pannadhay. En este centro paren unas 55 mujeres al día, es decir unas 20.000 cada año. Además, se atienden todas las enfermedades del aparato reproductor femenino. Cuentan con 440 camas, que se ampliarán en cien más con la remodelación que se prevé acabe en un par de meses.

El ginecólogo Arun Gupta explica que la mayoría de casos complicados de los centros más pequeños son referidos aquí, por lo que el número de cesáreas es más alto: entre el 20 y 25%. El hospital, a diferencia de otros en la zona, cuenta con la infraestructura necesaria: cuidados intensivos, incubadoras o banco de sangre. "Aunque, de tener más recursos, sería bueno contar con más equipos de ventilación mecánica", continúa.

La mortalidad materna en el hospital es de 64 mujeres por cada 100.000 nacimientos. Esta cifra es relativamente buena, si se compara con el promedio de India (178), pero todavía está muy lejos de la de los países desarrollados (menos de 10). Aunque India ha dado grandes pasos en la reducción de la mortalidad materna, este es uno de los Objetivos del Milenio que no se cumplirá este año: se pretendía una reducción a 103.

El doctor Amit Sengupta, al frente de la reconocida ONG Movimiento por la Salud de los Pueblos, subraya que el 30% de las mujeres que mueren por complicaciones del parto o del embarazo en el mundo residen en sólo dos países: India y Nigeria. El avance conseguido por India en los últimos años se debe en parte a que cada vez más mujeres paren en hospitales, como este de Udaipur. Sin embargo, según el experto, se deben mejorar los servicios en los centros de atención primaria. Y, sobre todo, acabar con la discriminación que sufre la mujer en ese país a lo largo de toda su vida. “El mayor problema es la malnutrición, que tiene un impacto directo en la mortalidad materna ya que una mujer que ha sufrido de ese problema durante toda su vida tiene una pelvis más estrecha. También, por efectos de la pobreza y de falta a acceso a mejores condiciones, muchas mujeres malnutridas tienen múltiples partos en poco tiempo, lo que compromete su salud”, añade el médico.

Gupta coincide que una de las principales causas de muerte materna en este hospital son las hemorragias, sangrados antes o después del parto, que muchas veces se deben a que las mujeres sufren de malnutrición. "Esta es una zona tribal y pobre en la que la gente se casa joven y no tiene adecuada información”, explica. Las otras causas son: preeclampsia e infecciones. El doctor dice que las mujeres llegan tarde, en condiciones graves, después de haber ido ya a centros de atención primaria. Los doctores, unos 33 entre profesores y estudiantes de posgrado —pues es también un Colegio Médico—, tienen una gran carga de trabajo. En un turno de 24 horas, este médico había programado practicar 17 cesáreas. Dice que trabaja unas 18 horas al día, por un salario mensual equivalente a unos 1.000 euros netos. Otros doctores con rango menor ganan menos. Sin embargo, las condiciones de trabajo acaban de mejorar: hace unas semanas se aumentó el número de personal de enfermería de 110 a 150.

Aunque reconoce que hay muchas carencias, Gupta no duda que las condiciones han mejorado en el hospital en el que ha trabajado los últimos 35 años: “Hace algunos meses estuve en congresos en Zurich y Londres hablando con otros médicos europeos y llegué a la conclusión de que allí hay más recursos para la investigación, pero en India tenemos más experiencia a nivel clínico: hacemos muchas más cirugías, todo en condiciones adversas y con recursos limitados”.

Hace tres años el Servicio de Salud en el Estado de Rajastán pasó de ser pagado a totalmente gratuito, incluidas todas la medicinas para pacientes internos y externos. Lila, dice que eso ha ayudado a su familia y a toda su comunidad. Antes, enfermar o tener un hijo era un gran problema porque significaba también un alto costo para toda la familia, ya que ella sólo cuenta con los ingresos de su esposo, que vende la leche de sus dos vacas y tres búfalos. Lila está en una habitación donde hay otras ocho mujeres que acaban de parir. A su alrededor hay decenas de familiares que han venido de sus pueblos para recibir al recién nacido. La madre de Lila, como muchos otros de los acompañantes, se quedará a dormir en el piso, sobre una cobija.


FUENTE: http://elpais.com/elpais/2015/01/13/planeta_futuro/1421148572_639991.html