jueves, 14 de enero de 2016

Adiós al ébola



Forecariah, Guinea. Hay pocas historias felices en medio del último brote de ébola que afectó África y al mundo. Sin embargo, la sonrisa de la señora Soumah, en mayo, cuando corrió para abrazar a su hijo Mohammed trajo lágrimas de felicidad a los ojos de los experimentados trabajadores de la salud que tan duro han laborado para que esta pequeña familia permanezca unida. Muchos de esos trabajadores han permanecido sin sus propias familias durante el brote y podían compartir fácilmente su alegría y alivio.

El ébola es una enfermedad indiferente. Compromete la mayor parte de la atención básica de salud. Cuando la señora Soumah cayó enferma, fue separada de su hijo de 13 meses, Mohammed. Durante su tratamiento, lo único en que podía pensar era en su familia. "Yo tenía la fotografía de mi hijo y sólo podía esperar para cuando lo volvería a ver." En Guinea muchos padres no volvieron a casa.

Una fuente de consuelo para la señora Soumah fue el conocimiento de que su hijo estaba siendo cuidado por una cariñosa familia que vivía cerca. La señora Touré, una sobreviviente del ébola, es una de las muchas heroínas de Guinea y una de las pocas que se han dedicado a cuidar de los niños cuyos padres estaban en tratamiento. "Cuando yo estaba enferma, no había nadie para cuidar de mis hijos; así que estoy feliz de haber sido capaz de ayudar a otras madres como yo".

UNICEF trabajó junto con sus socios locales para encontrar hogares de acogida temporal para los niños cuyos padres estaban luchando contra el ébola en los centros de tratamiento. Fue todo un reto, ya que, en muchos casos, los niños eran también contactos del virus. Como en tantos otros aspectos de esta lucha, los supervivientes del ébola fueron la clave. Eran inmunes y podían cuidar a los niños de manera segura. Por supuesto, se toman todas las precauciones.

La señora Touré tuvo a Mohammed bajo su cuidado durante casi dos semanas. "Fue difícil despedirse de él. Él es ahora un miembro de nuestra familia. Pero vamos a seguir en contacto".

La señora Soumah, todavía abrazando a su hijo, estaba tan agradecida. "Quiero agradecer a todos los que cuidaron a mi hijo y lo hicieron feliz."

Meses después de este feliz reencuentro, la señora Touré todavía trabaja todos los días con la asociación de supervivientes de Forecariah que ella ayudó a crear. 

Ella recordaba que, cuando salió del centro de tratamiento, después de sobrevivir, sus vecinos no querían ni siquiera mirarla, tal vez por temor a que pudieran contraer la enfermedad con sólo verla. "Ellos se cerraban los ojos cuando pasaba por la calle. Tenían tanto miedo". Pero ahora, gracias a sus esfuerzos y los esfuerzos de otros sobrevivientes, el estigma se ha disipado.

Tras el brote de ébola, la señora Touré continuará su trabajo para educar a la comunidad sobre otras enfermedades y sigue manteniendo contacto con la señora Soumah y con su familia.


FUENTE: https://medium.com/@timothylarose/reunification-after-surviving-ebola-3dd50059a351#.23gtdf2ue

martes, 12 de enero de 2016

Miles de médicos británicos hacen huelga en disputa salarial

Unos 50.000 médicos de categoría junior -los que están en formación y tienen entre uno y 10 años de experiencia- convocaron una huelga de 24 horas en protesta por los planes del gobierno de cambiar sus salarios y turnos de trabajo. 

Miles de médicos de categoría menor fueron a la huelga el martes en Inglaterra en una disputa por salarios y condiciones de trabajo, el primer paro de este tipo que se produce en el país en 40 años.

Los huelguistas alegan que las propuestas del gobierno pondrán en peligro a los pacientes, mientras que el gobierno afirma que el Servicio Nacional de Salud debe ser más flexible para ofrecer servicios los fines de semana.

La huelga forzó la cancelación de unas 4.000 operaciones y procedimientos médicos con pacientes no ingresados.

El primer ministro británico, David Cameron, pidió el lunes a los médicos que cancelaran la convocatoria, pero las autoridades guardaron silencio el martes mientras se sucedían las protestas en toda Inglaterra. La sanidad pública está considerada como una institución valiosa en el país, y disfruta de un amplio apoyo público pese a los problemas que pueda sufrir.

El gobierno británico ha insistido en que el servicio público ha permanecido aislado de los recortes en otras agencias del gobierno dentro de las medidas de austeridad para controlar el presupuesto, golpeado por la crisis financiera de 2008. Pero ante el alza de los costes médicos, Londres insiste en que hace falta hacer cambios, especialmente en los turnos de fin de semana.


lunes, 11 de enero de 2016

Los estudios de biomedicina esconden quién los paga


Por Manual Ansede Vázquez.

Dos análisis muestran que el secretismo y la chapucería ralentizan el desarrollo de fármacos.


Más de la mitad de las investigaciones no revela sus fuentes de financiación.


“Reaccionamos demasiado tarde al secretismo de las farmacéuticas”


Sin quererlo, el poeta romano Juvenal dejó en su obra una frase que ha sobrevivido casi 2.000 años después de su muerte: Quis custodiet ipsos custodes? (¿Quién vigila a los vigilantes?). En la ciencia, ese papel de investigador de los investigadores lo ejecuta con mano de hierro el epidemiólogo de origen griego John Ioannidis.


En un primer latigazo, Ioannidis mostró en 2005 que, con las defectuosas prácticas de los laboratorios de la época, era más probable que las afirmaciones de los estudios científicos fueran falsas que ciertas. Hoy, Ioannidis, codirector del Centro de Innovación en Metainvestigación de la Universidad de Stanford (EE UU), vuelve a desnudar al sistema científico actual. Su equipo ha analizado 441 estudios de biomedicina seleccionados al azar entre los publicados entre 2000 y 2014. Ninguno de ellos incluía sus datos en bruto, solo uno revelaba el protocolo seguido, más de la mitad proclamaban de manera dudosa nuevos descubrimientos y la mayoría no mencionaba sus fuentes de financiación ni sus conflictos de intereses con farmacéuticas u otras instituciones.


“Nuestra evaluación empírica muestra que la literatura biomédica publicada adolece de una falta de transparencia de grandes dimensiones”, denuncian los autores en su trabajo, que se publica hoy en la revista especializada PLOS Biology. El 52% de los estudios analizados no revelaba de dónde salía el dinero para investigar. Y solo un 6% de los artículos incluía una declaración de conflictos de interés, una cifra que “probablemente es una subestimación” de la realidad, según el equipo de Ioannidis.


El secretismo y la chapucería destapados por Ioannidis tienen un precio muy caro para la sociedad, como ya criticó el médico británico Iain Chalmers, uno de los fundadores de la red Cochrane. Esta organización sin ánimo de lucro agrupa a más de 37.000 investigadores de 130 países para elaborar información sanitaria creíble y libre de patrocinios comerciales. En 2009, Chalmers alertó de que la exageración de los resultados en investigaciones con animales, la elaboración de estudios innecesarios y la imposibilidad de reproducir algunos trabajos por falta de información podrían provocar pérdidas de hasta el 85% de la inversión en investigación biomédica. En 2009, esa inversión total alcanzó los 100.000 millones de dólares en todo el mundo.


En 2015, otro equipo señaló que más del 50% de los resultados de las investigaciones preclínicas, en animales, eran irreproducibles. Es decir, alguien publica que ha frenado el cáncer de pulmón en ratones con una molécula, por ejemplo, pero luego ningún investigador es capaz de lograr los mismos resultados con el mismo método. El grupo de científicos, liderado por el economista Timothy Simcoe, de la Universidad de Boston, calculó que esta irrepetibilidad costaba cada año 28.000 millones de dólares, solo en EE UU. “Como era de esperar, el descubrimiento de nuevos fármacos se ha ralentizado y sus costes han aumentado, ya que las investigaciones preclínicas en animales raramente se consiguen reproducir en ensayos clínicos [en humanos]”, critica en su editorial de hoy la revista PLOS Biology.


En otro trabajo paralelo, publicado hoy en la misma revista, otro equipo de investigadores ha analizado cientos de estudios sobre el cáncer y el derrame cerebral. El grupo, liderado por Ulrich Dirnagl, del hospital universitario Charité, en Berlín, ha detectado que la inmensa mayoría no especifica el número de animales utilizados, ni cuántos murieron durante el estudio, algo que sería inimaginable en ensayos clínicos con humanos y que pone en duda los resultados de los laboratorios.


“Esta es una prueba más del enorme abismo entre nuestra imagen pública como científicos y la desagradable realidad”, opina Ben Goldacre, del Centro para la Medicina Basada en la Evidencia de la Universidad de Oxford. Goldacre, ajeno a los dos nuevos estudios, subraya que “la ciencia es precisión” y los científicos deben ser “exquisitos” en sus métodos. “Esto no sucederá por arte de magia o esperando a que pase. Se requieren acciones urgentes. Necesitamos donantes e instituciones que recompensen —económicamente y con promociones— a aquellos investigadores que sean completamente transparentes en su trabajo”, propone.


El investigador John Ioannidis admite que la detectada falta de información sobre las fuentes de financiación podría deberse a que una gran parte de la investigación se hace, de hecho, sin dinero adicional, “pero también podría significar que algunos estudios no revelan sus fuentes de financiación”, algo previsible en un sector entreverado con la industria farmacéutica. “En cuanto a los conflictos de intereses, es posible que muchos estudios no los tengan, pero es más probable que muchos de los estudios que no los mencionan en realidad tengan algunos conflictos potenciales, pero no se informe de ellos”, apunta.


Consciente de las repercusiones de su trabajo, Ioannidis hace un llamamiento a “confiar en la ciencia más que en los negacionistas de la ciencia o en otras fuentes de información no científicas”. Para el investigador de Stanford, “la buena investigación debería intentar mejorarse a sí misma constantemente”, con la presión de los ciudadanos informados de las incertidumbres inherentes a la ciencia. “Esperemos que nuestros datos supongan un incentivo para mejorar la transparencia, la reproducibilidad y la exactitud de los resultados que obtenemos de la investigación científica”.


Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/01/04/ciencia/1451931165_238355.html