domingo, 15 de enero de 2017
viernes, 13 de enero de 2017
La Neonatología en Europa Occidental
El
Centro Médico Princesa Máxima de Veldhoven en los Países Bajos inauguró en
septiembre del 2012 un centro innovador de atención de la madre y del niño
centrado en la familia. De
este modo, los cuidados excepcionales extienden sus fronteras a la madre, el
padre y el bebé.
Esta innovadora instalación está
estableciendo nuevos estándares en la forma en que se brinda atención clínica a
la madre y al bebé. Este
Centro Médico ofrece atención integral centrada en la familia a los padres y a su
recién nacido, antes, durante y después del nacimiento. Como
resultado de la colaboración entre Philips y el Centro Médico, éste se ha convertido
en uno de los primeros centros europeos de este tipo en ofrecer una atención
centrada en las personas y en el cuidado neonatal conjuntamente.
El Centro ofrece también un ambiente cálido, íntimo y de apoyo que integra soluciones para las madres y sus bebés durante el embarazo, el parto, el parto, la atención postnatal, neonatal y pediátrica. Incorpora los últimos hallazgos clínicos para apoyar el crecimiento del bebé y el proceso de unión natural con los padres, sin comprometer la seguridad o calidad de la atención. Existe suficiente evidencia de que la implementación de la atención centrada en la familia y el desarrollo en el ambiente de la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN) puede ser eficaz para mejorar los resultados médicos infantiles, disminuir la duración de la estancia y disminuir los costos de hospitalización.
Este nuevo Centro está diseñado para brindar una atención continua prenatal, del parto, atención postnatal, apoyo al amamantamiento y alta -dentro de una cómoda habitación de hospital. Si la madre experimenta problemas médicos durante el proceso, los médicos especialistas visitan la habitación de la madre en lugar de que la madre sea trasladada a otro departamento y separada de su bebé. Este es un concepto que no está ampliamente implantado en Europa. Si se necesita el cuidado de una UCIN, los bebés prematuros también se mantienen con sus madres en cuartos privados durante el tratamiento y la recuperación. Hasta ahora, típicamente, las madres habían permanecido en una sala obstétrica mientras sus bebés eran ingresados a una UCIN tradicional.
El Centro Médico Princesa Máxima es también el primer hospital del mundo en probar un nuevo concepto de experiencia de entrega desarrollado por Philips, un concepto de diseño que apoya a las mujeres y a su pareja durante el parto con animaciones interactivas y una aplicación de teléfono inteligente.
"Estamos muy orgullosos de que a través de la colaboración y la innovación podemos demostrar hoy que es posible empujar los límites de lo que la madre y el cuidado de los hijos debe ser", dice el profesor Guid Oei, ginecólogo en el Máxima Medical Center y uno de los fundadores del nuevo Centro Mujer-Madre-Niño. "Ahora podemos combinar la calidad de la atención con el calor vital y la intimidad que la madre y el niño necesitan antes, durante y después del nacimiento, incluso si la nueva vida comienza con complicaciones graves".
Basado en los principios del programa de Philips, Global Wee Care, reconocido internacionalmente, se recogen las mejores prácticas basadas en la evidencia y se ha cambiado el flujo de trabajo del Centro, moldeándolo completamente en torno a las necesidades y biorritmos de la madre y el niño, optimizando la interacción entre enfermeras y padres. El objetivo es apoyar un ambiente de curación, manejar el estrés y el dolor del bebé y asociarse con las familias. El programa incluye posicionamiento, cuidado y alimentación de bebés prematuros.
"Nos hemos centrado en la madre y en el bebé durante más de cuarenta años, comenzando con avances en el monitoreo fetal en 1968, los algoritmos de medición fisiológicos neonatales y el monitoreo especializado de la UCIN a principios de los años 70, para expandir nuestro accionar de manera cuidadosa incluyendo el apoyo a madres y bebés desde el embarazo hasta el hogar de transición", dice David Russell, Gerente General de Cuidado de la Madre y el Niño de Philips Healthcare. "La colaboración de Philips con el Centro Médico Princesa Máxima demuestra que nuestro compromiso con la atención centrada en la familia se extiende más allá de proporcionar el equipamiento. Nuestro enfoque holístico abarca la educación para apoyar una transformación clínica".
jueves, 5 de enero de 2017
jueves, 29 de diciembre de 2016
Donald Henderson (07 de septiembre de 1928 - 19 de agosto de 2016)
El doctor Henderson (a la derecha) examinando la cicatriz de la vacunación contra la viruela del brazo de un niño de Etiopía.
El doctor Henderson (a la izquierda) predicando con el ejemplo.
Donald Aislie Henderson McMillan fue
un médico estadounidense, educador y epidemiólogo que dirigió un esfuerzo
internacional de diez años (1967-1977) que erradicó la viruela en el mundo y
lanzó programas internacionales de vacunación infantil. Entre 1977 a 1990, fue
decano de la Escuela de Salud Pública de Johns Hopkins. En 1991, fue nombrado Director Asociado de
Ciencias de la Vida de la Oficina de Política Científica y Tecnológica,
dependencia ejecutiva del Presidente (1991-1993) y, más tarde, fue asistente del
Secretario Adjunto y Asesor Científico Senior en el Departamento de Salud y
Servicios Humanos. Posteriormente, después del 11 de septiembre del
2001, desempeñó un papel destacado en la promoción de programas nacionales de
preparación y respuesta a la salud pública después de ataques biológicos y
desastres nacionales en la Oficina
de Preparación para la Salud Pública (más tarde llamada Oficina del
Subsecretario de Preparación y Respuesta). En
el momento de su muerte, era Profesor y Decano Emérito de la Escuela de Salud
Pública de Johns Hopkins Bloomberg y Profesor de Medicina y Salud Pública de la
Universidad de Pittsburgh, además de Distinguished Scholar del Centro de
Seguridad de la Salud (UPMC) y se
desempeñaba como Editor Emérito de la revista académica Health Security (antes
Bioseguridad y Bioterrorismo: Estrategia Biodefensa, Práctica y Ciencia).
Henderson nació en Lakewood, Ohio, Estados Unidos, a principios de
septiembre de 1928, hijo de padres inmigrantes canadienses-escoceses. Su padre,
David, era ingeniero, su madre, Eleanor McMillan, enfermera. Su interés en la
medicina fue inspirado por un tío canadiense, William McMillan, que era médico
general y miembro de la Cámara de los Comunes de Canadá.
Henderson se graduó en el Colegio Oberlin en 1950 y recibió su Doctorado de Medicina de la Rochester School of Medicine en 1954. Fue Médico Residente del Hospital Mary Imogene Bassett en Cooperstown, Nueva York y, más tarde, Oficial de Servicios de Salud Pública en el Servicio de Inteligencia Epidemiológica del Centro de Enfermedades Transmisibles (ahora llamado Centro para el Control y Prevención de Enfermedades o CDC, por sus siglas en inglés). Obtuvo el grado de MPH en 1960 de la Escuela Johns Hopkins de Higiene y Salud Pública (ahora llamada Escuela Johns Hopkins Bloomberg de Salud Pública).
La erradicación de la viruela
Henderson sirvió como Jefe de los Programas de Vigilancia de Enfermedades por virus del CDC entre 1960 a 1965, trabajando en estrecha colaboración con el inspirado epidemiólogo Dr. Alexander Langmuir. Durante ese período, él y su unidad desarrollaron una propuesta para el Programa de Ayuda de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para eliminar la viruela y el sarampión durante un período de 5 años en 18 países contiguos de África Occidental y Central. Ese proyecto fue financiado por la USAID, con operaciones de campo a partir de 1967.
La
iniciativa de la USAID dio un importante impulso al programa de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) para erradicar la viruela en todo el mundo en un
período de 10 años. En
1966, Henderson se trasladó a Ginebra para convertirse en director de la
campaña. En
ese momento, la viruela estaba ampliamente diseminada en todo Brasil y en 30
países de África y Asia meridional. Más
de 10 millones de casos y 2 millones de muertes ocurrían anualmente. La
vacunación trajo cierto control, pero la estrategia clave fue
"vigilancia-contención". Esta
técnica conllevaba una rápida notificación de los casos de todas las unidades
de salud y la rápida vacunación de los miembros del hogar y contactos cercanos
de los casos confirmados. El
personal de la OMS y los asesores de unos 73 países trabajaron estrechamente
con el personal nacional. El
último caso ocurrió en Somalia, el 26 de octubre de 1977, sólo 10 años después
del inicio del programa. Tres
años más tarde, la Asamblea Mundial de la Salud recomendó la descontinuación de
la vacunación contra la viruela.
La viruela es la primera enfermedad humana alguna vez erradicada. Este
éxito dio impulso al Programa Ampliado Mundial de Inmunización de la OMS, que
se dirigió contra otras enfermedades prevenibles por vacunación, como poliomielitis, sarampión, tétanos, difteria y tos ferina. Ahora
están comprometidos a erradicar la poliomielitis y la enfermedad del gusano de
Guinea. Después
de 25 años, este objetivo está cerca de alcanzarse.
«Ver en el hospital el lado bonito de la Navidad es muy difícil»
Por Laura Peraita
Las luces de la Navidad se miran con otros ojos cuando se
atraviesan las puertas de un hospital infantil. Sus pasillos se engalanan para
dar constancia de que es tiempo de adviento. Parecen hacer un esfuerzo por
tildar de luz y color el espíritu de las familias que en estas fechas han hecho
del centro hospitalario su hogar para acompañar a los niños allí ingresados.
De hecho, tal y como asegura Pilar Herreros, supervisora del
Servicio de Oncohematología y Trasplante del Hospital Niño Jesús de Madrid,
además de los adornos, es la época del año en que el hospital se llena de más
mascarillas. En un alarde de generosidad se permite la visita de muchos más
familiares de los pequeños pacientes. «Hermanos, tíos, abuelos, primos,
compañeros de colegio... Todos vienen a ver a los niños y deben ponerse
mascarillas para evitar que puedan traer microbios de la calle que puedan
perjudicarles».
Sentimientos encontrados
Lo normal es que las familias quieran pasar, al menos, la
Nochebuena, la Navidad, Nochevieja y Reyes Magos en sus casas, lejos del
hospital. Pero no siempre es así. «Los padres tienen sentimientos
contradictorios. Por un lado quieren disfrutar de una comida o cena familiar en
casa retomando una vida normalizada con sus hijos. Sin embargo, –matiza Pilar
Herreros– también les invade un sentimiento de temor e inseguridad por dudar si
sabrán reaccionar bien si el niño tiene unas décimas o no se encuentra bien.
Solo el personal médico es el que decide si el pequeño está en condiciones de
ir a casa una noche en una fecha tan señalada. Cuando es así las familias se
marchan con un arsenal de indicaciones para que el estado de salud no empeore».
Pero si no reciben el alta, los padres tragan saliva e
intentan convencerse de que no pasa nada y que lo más importante es que el niño
esté bien y no les vea tristes por ello. Además, si no pueden ir a casa por
Navidad, la Navidad va hasta ellos. Los familiares adornan las habitaciones e,
incluso colocan cintas de colores en los carritos de suero.
El 24 y el 31 de diciembre se permite, siempre que no lleven
dieta estricta, que las madres les lleven la cena preparada de casa a la
habitación. Algo diferente al menú que toman a diario en el hospital y que les
haga sentir que es un momento especial. También pueden quedarse el padre y la
madre a dormir con ellos, porque el resto del año solo se puede quedar uno. «Es
importante que los niños se sientan acompañados y se den cuenta de que sus
padres están ahí y se preocupan por ellos y por hacerles felices. El buen ánimo
–explica Pilar Herreros– es muy positivo para su proceso de curación».
Sin festival del colegio
No obstante, y sobre todo aquellos pacientes que son un poco
más mayores, sufren especialmente en estas fechas y quieren que las navidades
pasen cuanto antes porque echan de menos estar en el festival del colegio,
participar en la decoración de la clase, en las fiestas, pasear mirando las
luces de los escaparates, comprar figuritas para el Belén en los mercadillos callejeros...
«Lo increíble –apunta Pilar Herreros– es que estos chicos de 15 años no
confiesen estos sentimientos a sus padres porque no quieren que sufran por
ellos. Es el personal de enfermería que les acompaña diariamente al que
convierten en sus verdaderos confidentes para transmitirles sus dudas, pero
también sus miedos, su ira... Es una verdadera lección la que nos dan estos
niños que no quieren mostrar su cara más triste a sus padres porque sienten que
ya lo están pasando muy mal por culpa de su enfermedad».
Las doce uvas
Cuando llega la Nochevieja también hay cena especial que
llevan los padres. Y, como no, las uvas. Si los niños se han dormido antes de
las doce de la noche, las familias que pasan la noche con ellos se reúnen con
el personal de enfermería en una sala y se toman sus uvas al son de cada
campanada. El nuevo año comienza como terminó el pasado, con el firme deseo de
que los niños respondan a sus tratamientos y se pongan pronto sanos. Al final
se hace mucha piña entre unos y otros porque son muchas horas juntos y
demasiadas las emociones fuertes que comparten.
Durante el día también hay un ir y venir de personas y niños
de colegios que se preparan en el salón de actos del hospital para hacer
actuaciones de baile, magia, concursos... pero, sin duda, el día más mágico es
la tarde del 5 de enero.
El doctor Lucas de Mingo, cirujano del servicio cirugía
pediátrica, se «encarga» del rey Melchor. «Los trajes que llevan son una
verdadera maravilla y tienen muchos años. Al salón de actos pasan los tres
Reyes Magos y los niños les adoran porque saben que son los auténticos. Primero
se dirigen a ellos y a sus padres con un mensaje cargado de palabras de
esperanza porque nunca deben perder la ilusión de cumplir sus deseos y metas».
La visita de los Reyes Magos
Después, los niños suben al escenario y se colocan a su lado
o en sus rodillas para retratar el momento. Ninguno se queda sin foto. Más
tarde, sus Majestades pasan habitación por habitación saludando a cada niño
ingresado que no ha podido ir al salón de actos. Los Reyes les entregan su
regalo y todos los niños se lo agradecen con un fuerte abrazo, menos los más
pequeños que se asustan un poco al verlos.
Pilar Herreros explica que todos quieren juguetes. «No les
piden que se curen porque los niños son niños y no quieren desperdiciar que les
den un juguete, ya que no son conscientes de su enfermedad. Solo los más
mayores conocen el significado de palabras como cáncer».
Las madres son las que más se emocionan cuando ven a los
Reyes Magos que visitan a sus hijos. Es un encuentro muy entrañable y en sus
cartas ellas sí que piden un único deseo: la curación de sus pequeños.
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