domingo, 12 de agosto de 2018

En Uruguay la legalización del aborto casi ha erradicado las muertes de mujeres por abortos clandestinos


Por Magdalena Martínez

Entre 2001 y 2012, antes de la aplicación de la ley de plazos que legalizó la interrupción del embarazo, las cifran oficiales de ese país sudamericano informaron que fallecieron 31 mujeres. Ahora, esa esa tasa es casi cero.

Seis años después de la aprobación de la ley de plazos que legalizó el aborto, Uruguay casi ha erradicado las muertes de mujeres por interrupciones clandestinas del embarazo. Además, la mejora de la atención a la salud reproductiva ha disminuido los embarazos no deseados y las autoridades constatan una clara mejoría de la salud materna y neonatal. Con un promedio de 815 abortos mensuales, las estadísticas muestran que el número de intervenciones es estable.

Uruguay autoriza desde 2012 la interrupción del embarazo en las primeras 12 semanas. Solo este país, Cuba y Guyana tienen una ley de plazos en Latinoamérica.

La legalización del aborto fue la respuesta política a una demanda social —la mayoría de la población, de unos 4,5 millones de habitantes, aprobaba la medida—, pero el proceso de despenalización había empezado más de una década antes, cuando los médicos del principal hospital materno-infantil del país —el Pereira Rossell de Montevideo— se enfrentaron a varios casos de muertes por aborto ilegal en poco tiempo y decidieron poner en marcha un sistema de prevención en el límite de legalidad.

El pilar del cambio fue la construcción de un sistema estadístico, basado en datos hospitalarios, que permitió definir el alcance del problema y hacer un seguimiento continuado. Uruguay se ha destacado en la región por ese esfuerzo en acumular información fiable, que ha permitido abrir un debate documentado sobre la interrupción del embarazo. Después, equipos de ginecólogos, obstetras, parteras y psicólogos (principalmente en el Pereira Rossell) empezaron a orientar a las mujeres que querían abortar para que lo hicieran de manera segura.

Así, generalizaron el uso del misoprostol, utilizado para tratar las úlceras, pero declarado medicamento esencial por la Organización Mundial de la Salud por sus propiedades para inducir el aborto evitando las hemorragias. Los médicos uruguayos no lo podían recetar, pero explicaban cómo utilizarlo y recibían a las mujeres en sus consultas en el proceso de interrupción del embarazo.

La compra del fármaco debía hacerse en el mercado negro, algo que fue cada vez más fácil en todo el país. El uso del misoprostol (o Cytotec) es desde hace varios años algo generalizado en muchos países de Latinoamérica donde la interrupción del embarazo está prohibida.

Entre 2008 y 2011, por primera vez en la historia del Uruguay, no se registró ninguna muerte por interrupción clandestina del embarazo, lo que le valió al sistema de prevención uruguayo el reconocimiento internacional y varios premios. Además, el esquema de actuación ha sido copiado por otros hospitales de Latinoamérica. A pesar del rechazo de la ley de plazos en Argentina, donde el jueves pasado el Senado tumbó el proyecto, desde 2007 en las policlínicas de la provincia de Buenos Aires se aplica el protocolo uruguayo con el beneplácito del Ministerio de Salud. Así, en esa zona de Argentina, las muertes maternas por aborto inseguro se redujeron de 32 a 11 entre 2011 y 2014, según un estudio de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia.

No obstante, la implementación de la ley que permite el aborto dentro de las 12 primeras semanas no ha sido un camino de rosas en Uruguay. Un 30% de los médicos del país se han declarado objetores de conciencia y rechazan participar en los procedimientos. La cifra alcanza el 40% en los departamentos del interior de Uruguay, lo cual afecta especialmente a las mujeres de las zonas rurales. En el Departamento de Salto, todos los ginecólogos y obstetras se han declarado objetores de conciencia, lo que obliga al Ministerio de Salud a desplazar especialistas desde Montevideo para atender a las mujeres que desean abortar.


Un ejemplo de éxito para una región que persigue el aborto

Por A. Arego

Alrededor del 90% de las mujeres en edad de reproductiva en América Latina y el Caribe vive en países con leyes de aborto restrictivas. En seis —El Salvador, Honduras, Haití, Nicaragua, República Dominicana y Surinam—, la interrupción del embarazo está completamente prohibida. Otros ocho estados lo permiten casi exclusivamente para salvar la vida de la mujer, y solo unos pocos ofrecen excepciones en casos de violación (Brasil, Panamá y Chile, por ejemplo) y anomalías fetales graves. Solo en Uruguay, Cuba, Guyana y en Ciudad de México el aborto es legal. El ejemplo uruguayo salió a relucir durante el debate en el Senado argentino. En Argentina, 43 mujeres murieron por complicaciones en abortos clandestinos durante 2016 y 50.000 tuvieron que ser hospitalizadas, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Salud. En México, donde está prohibido en el resto del país, 33 mujeres han muerto en abortos clandestinos en lo que va de año. Por su parte, en Uruguay los datos oficiales cuentan tres muertes. El país es seis años después de la aprobación de la ley el segundo de América con la mortalidad materna más baja del continente, solo por detrás de Canadá, según datos de la Organización Panamericana de la Salud de 2017. Si hace 25 años el aborto era la causa del 40% del total de las muertes de uruguayas, en los últimos diez años las cifras cayeron a un 8%, apunta la revista Gynecology Obstretics.


FUENTES: https://elpais.com/internacional/2018/08/11/america/1534002595_937718.html


https://ac.els-cdn.com/S002072921630251X/1-s2.0-S002072921630251X-main.pdf?_tid=b783eac4-ae09-4a53-ac35-92d68b4b9f44&acdnat=1534100502_27a62df31f3141d46f1c6481cf2a0c93




jueves, 9 de agosto de 2018

En Argentina la legalización del aborto no fue ley (esta vez)




Una noche histórica, entre pañuelos y al grito de "¡Será ley!"


Por Natalia Pecoraro de Diario LA NACIÓN


El Senado rechazó esta madrugada el proyecto de legalización del aborto que tenía media sanción de la Cámara de Diputados y cerró -por ahora- el debate parlamentario.

Lejos de lo que podría pensarse, el voto no se sintió como una derrota entre quienes reclamaron la aprobación de la ley en las inmediaciones del Congreso. En el balance, hubo más expresiones de bronca y de esperanza que de tristeza. "Es un Senado que no está a la altura", fue la síntesis que encontraron muchos frente al resultado. "Esto no se apaga, ya nada será igual", resumieron otros. "¡Será ley!", coincidieron todos.

El rechazo del Senado era esperable. No sorprendió en el "sector verde", que montó una suerte de fiesta callejera a la espera de la votación de la Cámara alta. Pasadas las 02:43, la iniciativa recogió 38 votos en contra, 31 a favor y dos abstenciones. En ese momento, mientras el "sector celeste" festejaba el resultado con fuegos artificiales y gritos de júbilo, miles y miles de personas del otro lado de la plaza del Congreso alzaron sus pañuelos verdes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, responsable del proyecto, y gritaron: "¡Será ley!".

No fue ley esta vez y en términos legales todo seguirá, pero el debate parlamentario abrió discusiones que seguirán sobre el tapete. "El rechazo de la Cámara alta no implica volver a foja cero", reconoció un senador que votó en contra del aborto legal.

Esa sensación fue compartida por muchos. Nunca antes en la historia argentina se había llegado a esta instancia de que el aborto esté tan en agenda; de las audiencias públicas y los cientos de oradores que dieron argumentos a favor y en contra de la interrupción voluntaria del embarazo; del tratamiento parlamentario; de la media sanción de Diputados. Sobre todo, nunca antes hubo tantas personas en calles de todo el país -y del exterior- que manifestaron su apoyo a una u otra postura, especialmente a favor de la legalización del aborto.

Durante su discurso en el recinto, el senador Fernando Solanas les habló a los "muchachos y muchachas que están afuera", en referencia a la calle. "Sea cual fuera el resultado de esta noche, hoy no es una derrota. Es un triunfo monumental, porque hemos logrado instalar el debate de una causa que estaba prohibido", dijo. Sus palabras fueron celebradas en las avenidas Callao, Rivadavia y De Mayo, donde estaban los "verdes".

El senador Miguel Ángel Pichetto también se refirió a las diferencias entre los integrantes de la Cámara alta y los manifestantes en favor del aborto legal. "Este Senado no está a la altura de las demandas sociales", soltó. Luego citó al escritor y filósofo Miguel de Unamuno. "Dijo: 'Vencerán pero no convencerán'". Finalmente, el legislador rionegrino remató: "El 'no' va a ganar esta noche, pero el futuro no les pertenece".

Tras una vigilia de horas y horas bajo la lluvia, entre paraguas y pilotos, y a pesar del rechazo del Senado, prevalecieron esas ideas acerca del "triunfo" y del futuro. "La primera sensación es de desilusión, defraudación, frustración, pero a su vez, un inmenso orgullo por quienes sí defendieron las vidas y la salud de las mujeres hoy, y por todos las y los jóvenes que le pusieron el cuerpo hasta el último segundo", dijo la dirigente radical Pamela Martín García, integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

"Vamos a seguir de pie, luchando, porque acá lo único que se cae es el patriarcado. Esperábamos tener un dolor menos y una libertad más, pero vamos a seguir en ese camino y lo vamos a lograr", agregó.

Luciana Peker, periodista especializada en género y autora de La revolución de las mujeres no era sólo una píldora, planteó que el rechazo del Senado abrió "una crisis de representación de género y generacional", porque el promedio de edad de los senadores es de 57 años y el promedio de "las chicas en la calle" es de 18.

Esas chicas, estudiantes secundarias y universitarias, pidieron masivamente por la legalización del aborto. Cuando el Senado rechazó la iniciativa, se fueron en grupos, de a cuatro, de a cinco, tomadas de la mano. Iban cantando "¡Será ley!"



lunes, 6 de agosto de 2018

16 hospitales (entre los que no se encuentra el Enrique Garcés) registran un alza de costos por USD 75,7 millones


Para la construcción de los hospitales Docente de Calderón y el Gineco-Obstétrico Luz Elena Arismendy de Quito se realizaron un contrato inicial, dos complementarios para cada uno y registraron USD 10,7 y 11,6 millones más al costo inicial, respectivamente.

Estas variaciones de precio se repiten en la construcción y repotenciación de otros 14 hospitales públicos con problemas por resolver. Su valor inicial total suma USD 263,49 millones, pero el final tiene un excedente de USD 75,7 millones, según el Servicio de Contratación de Obras (Secob).

Jorge Wated, director del Secob, explica que 320 obras con problemas legales y estructurales están en revisión, entre ellas infraestructura de salud (ver cuadro). 47% ya está resuelto y el resto sigue en análisis. Algunas son heredadas del desaparecido Instituto de Contratación de Obras (ICO), creado en 2011. Desde entonces suman cerca de 1 200 obras.

Tras un primer concurso desierto, la construcción del hospital de segundo nivel de Calderón, en el norte de Quito, se adjudicó a Maldonado Fiallos Hnos., en junio 2012, en USD 37,28 millones, 2 millones menos que el precio referencial.

Dos años después, en mayo del 2014, se suscribió el primer contrato complementario por USD 6,1 millones y tras siete meses se registró un segundo por otros USD 2 millones.

Ambos se firmaron por insumos, como tubería, rótulos, lavabos, rejillas, ventanas, puertas, postes metálicos, etcétera.

Los contratos complementarios pueden celebrarse con el mismo contratista sin licitación por aumentos o decrementos, según Ley de Contratación Pública. Aunque Wated reconoce que en algunos casos se ejecutaron en exceso. “Se convirtieron en una mala costumbre, aprovechando que en esa época se podía hacer por hasta 70% de incremento, en relación al monto inicial. No son malos, siempre que sean excepcionales”. En el 2017 se hizo una modificación a la ley y ese porcentaje bajó al 15%.

En los cuatro años que duró su construcción, el Hospital de segundo nivel Guasmo Sur de Guayaquil generó cuatro contratos adicionales. La obra fue adjudicada a la constructora China CAMC Engineering en febrero 2013, con un precio referencial de USD 85,4 millones a 540 días (año y medio).

Según el proyecto inicial sería parte del ‘campus del milenio’, en un terreno de 43 ha. Pero el plan no se concretó.

Dos contratos complementarios suman USD 29,8 millones. El primero era de obra civil y el segundo fue un pedido de rediseño que incluyó, desde una central de vacío para gases anestésicos hasta luminarias para un helipuerto y equipos de control para parqueos.

Los otros dos no afectaron el monto del proyecto. Yang Liang, gerente de China CAMC en Ecuador, explica que el número de camas pasó de 400 a 484 camas y esto incidió en el cambio de espacios y sistemas.

Según el gerente, también aumentó la cantidad de ciertos materiales, por USD 15,2 millones. Sin embargo, Liang aclara que no todo se usó. “La liquidación del proyecto no alcanzó los montos completos contractuales”. La constructora calcula que solo usaron USD 31,2 millones más de los previsto al inicio, lo que finalmente alcanzó USD 116,7 millones.

En el Docente de Calderón, los contratos suman USD 44,7 millones, pero el monto final llegó a USD 48 millones.

Para Wated este tipo de vacíos pudo surgir de los convenios de pago, que no están fijados por ley. “En algunas obras pedían detalles, pero no se regularizaban, no se ponían dentro de un contrato”.

Por este concepto cuantificaron cerca de USD 62 millones en diversas obras y explica que la regulación de estos convenios se incluyó en la Ley Económica Urgente. Ahí se fija el pago siempre y cuando tengan informes legales y pase por Contraloría. China CAMC espera cobrar USD 21,9 millones más por convenios de pago sustentados en planillas.

La construcción del Hospital de tercer nivel Gineco-Obstétrico Luz Elena Arismendy, en el sur de Quito, se adjudicó al consorcio Bueno y Castro con una oferta de USD 22,9 millones, menor en USD 2 millones del precio referencial.

Pero también hubo dos contratos adicionales que elevó la cifra a USD 30,4 millones y al final el monto, según el Secob, fue de USD 34,6 millones. Aunque, Ramón Castro, gerente, puntualiza que la cifra fue de USD 33,79 millones e incluyó dos contratos extras, una orden de cambio y una de trabajo.

Estos aumentos fueron, según dijo, por obras no previstas, correcciones, modernización de planos... Ahora este hospital que abrió en 2016 tiene nuevos retos: ampliar sus áreas para acoger a pacientes de otras provincias. El Docente de Calderón que funciona desde el 2015, en cambio, ya ha pasado por adecuaciones y requiere equipos. El Guasmo Sur está habilitado en un 85%, tras un año y medio de su apertura.



FUENTE:  https://www.elcomercio.com/actualidad/hospitales-alza-costos-contratoscomplementarios-salud.html


Los médicos de Nicaragua



Javier Pastora no oculta su indignación. Este cirujano general con una especialidad en gastroenterología y endoscopio digestiva denuncia que es víctima de una represalia por parte de las autoridades de la sanidad pública nicaragüense por atender a los heridos durante las protestas contra el presidente Daniel Ortega —la represión desde mediados de abril ha causado ya 317 muertos— y por “expresar" su "discrepancia política con el Gobierno”.

Pastora era hasta la semana pasada jefe de cirugía del Hospital Escuela Óscar Danilo Rosales (Heodra) de León, la segunda cuidad de Nicaragua, pero fue despedido de su cargo sin mayores explicaciones. Solo le fue entregada una carta emitida por la dirección de ese centro hospitalario. Junto a él echaron a otros nueve médicos y 25 miembros del personal sanitario del Heodra, el mayor hospital del oeste de Nicaragua.

El médico afirma que su despido responde a un “proceso de represión política” por criticar la represión desatada por Ortega desde abril, cuando comenzaron las manifestaciones que exigen el fin del mandato del presidente, que lleva 11 años gobernando Nicaragua con mano dura. “Nos han despedido de forma grosera, abusiva, sin excusas. Cuando pregunté cuáles eran las razonas me respondieron que eran políticas”, explica Pastora. El médico asegura que tras la “barrida” ordenada por la dirección del Heodra, León —ciudad de postal localizada a 97 kilómetros al noroeste de Managua– se ha quedado sin médicos especialistas.

Junto a Pastora fue despedida Gladys Jarquín, pediatra con una especialidad en enfermedades infecciosas que, además, dirigía el programa de VIH-Sida en el centro. Jarquín se siente consternada por su despido y lo que eso significa para el hospital y sus pacientes, dado que ella había logrado conformar un equipo de investigación en microbiología que permitía hacer investigaciones pioneras en Nicaragua.

Los responsables del Heodra no dan explicaciones por los despidos. La directora de hospital, Judith Lejarza Vargas, no ha respondido a las llamadas a su teléfono móvil, ni ha habido respuesta en la dirección de Recursos Humanos. Tampoco hubo una respuesta del Ejecutivo nicaragüense a las consultas hechas directamente a la vicepresidenta Rosario Murillo, quien controla la comunicación oficial del Estado.

Gracias al trabajo de Jarquín, el hospital contaba con el apoyo de las universidades estadounidenses de Duke, en Carolina del Norte, y Vanderbilt, en Tennessee. Pastora ha explicado que los despidos obedecen a los comunicados que el personal médico del hospital publicó para aplacar el miedo de la población durante las protestas, porque se decía que había órdenes de la ministra de Salud, Sonia Castro, de no atender a los heridos. “Había mucho temor de la población de acudir al hospital. Nosotros dijimos que se debía atender a todos los heridos, que sintieran seguridad”, explica la especialista.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó el 21 de mayo —tras una visita a Nicaragua— un informe en el que recogía las denuncias de que varios hospitales nicaragüenses habrían negado atención médica de urgencia a los heridos en las manifestaciones. “Según denuncias allegadas durante las visitas, habrían existido órdenes administrativas en los hospitales públicos para restringir el acceso de la atención a heridos y obstaculizar el acceso a la información. En particular se recibieron denuncias respecto del hospital Cruz Azul, perteneciente al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, y en los hospitales Roberto Calderón, Antonio Lenin Fonseca, Hospital Escuela Oscar Danilo Rosales Argüello y Alemán Nicaragüense, todos pertenecientes el Ministerio de Salud”, se lee en el informe. Debido a una de esas negligencias falleció el 20 de abril Álvaro Conrado, un chico de apenas 15 años a quien dispararon en la garganta cuando distribuía agua a los estudiantes atrincherados en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Un estremecedor vídeo lo muestra agonizando, mientras balbuceaba en su desesperación: “Me duele respirar”. Esa frase se ha convertido en el lema de las manifestaciones en toda Nicaragua.

Otro de los médicos que denunció su despido es Julio Sánchez, cirujano general del Hospital Regional de Jinotepe, ciudad localizada a 32 kilómetros al sur de Managua, y que junto a su vecina Diriamba fue escenario de una de las peores masacres que ha sufrido Nicaragua en tiempos de paz: más de 20 personas fueron asesinadas en esas localidades por las huestes armadas de Ortega el 8 de julio. “Nosotros dimos atención médica a todos los heridos, incluso las autoridades del hospital dijeron que se sentían orgullosas porque estábamos del lado del pueblo”, explica Sánchez. “Nunca recibimos órdenes de no atender a los heridos”, aclara el médico, quien no esconde su sorpresa frente a una carta de despido que no le da ningún tipo de explicación. En Jinotepe fueron despedidos al menos 40 trabajadores de la sanidad pública. “Me reprimen por hacer cumplir el Juramento Hipocrático. Atendí a los heridos de ambos bandos”, aclara el médico.

A Sánchez le apena pensar que los puestos que han quedado libres tras la llamada “barrida” de las autoridades sanitarias puedan ser ocupados por personas sin suficiente preparación, que respondan más a intereses partidarios y lealtades a Ortega que a sus compromisos éticos y científicos. “No pueden reponer tan fácilmente la calidad ni la experiencia de estos médicos que han despedido”, afirma el especialista. A su lado asienten Gladys Jarquín y Javier Pastora, los médicos del Heodra. “Es muy triste, doloroso, porque al ensañarse contra los médicos lo están haciendo también contra la población”, dice, apesadumbrado, el exjefe de cirugía del hospital más importante de León, hermosa ciudad colonial de Nicaragua.


 

viernes, 3 de agosto de 2018

Los niños holandeses y el sildenafil


Un ensayo clínico realizado en Holanda, que suministró sildenafil a mujeres embarazadas tuvo que ser suspendido tras la muerte de 11 recién nacidos.

El objetivo del estudio era potenciar el crecimiento de fetos poco desarrollados.

El fármaco, que mejora la circulación de la sangre y dilata los vasos sanguíneos, pudo haber causado daños fatales a los pulmones de los bebés.

Ensayos anteriores en Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda no hallaron ninguna prueba de que la intervención fuera dañina, pero tampoco encontraron beneficios. En aquel momento, en 2010, los investigadores dijeron que el tratamiento solo se utilizaría en ensayos clínicos.

Ahora, los expertos dicen que se necesita una investigación completa para entender lo sucedido en Holanda. No se sugiere que se haya cometido ningún delito.

Los hospitales ven cada año cientos de mujeres embarazadas cuyos fetos tienen un desarrollo muy lento. Hablamos de fetos que, a las 22 semanas de gestación, apenas pesan 300 gramos. Su esperanza de supervivencia es de entre el 40-50%. En estas circunstancias, los bebés que sobreviven tienen un peso muy bajo al nacer y en muchos casos su salud es delicada.

Todavía no hay medicina o terapia para este problema y un tratamiento que mejore el peso o prolongue el embarazo puede suponer ventajas significativas para estos bebés tan enfermos.

El estudio holandés ahora suspendido, que debía proseguir hasta 2020, se desarrollaba en 11 hospitales de Holanda, incluido el Centro Médico de la Universidad de Ámsterdam. En total, 93 mujeres recibieron sildenafil y 90 tomaron un placebo.

De todos los bebés, 20 desarrollaron problemas pulmonares después del nacimiento: tres en el grupo placebo y el resto en el grupo del tratamiento real con sildenafil. Dentro del grupo placebo también hubo resultados fatales: nueve bebés murieron poco tiempo después de nacer, pero fue por otro tipo de complicaciones.

El ginecólogo y líder de la investigación Wessel Ganzevoort no fue consciente de los malos resultados hasta el pasado jueves, cuando escuchó las conclusiones de una comisión independiente que evaluó el estudio.

"Esperaba que me dijeran que el sildenafil funcionaba tan bien que no íbamos a necesitar a las pacientes del grupo placebo. Pero las cifras de todos los hospitales participantes en el estudio contaban una historia totalmente diferente.

"No solo el índice de mortalidad de los bebés de las mujeres que consumieron el medicamento era más alto, sino que las criaturas contrajeron con más frecuencia una enfermedad pulmonar".

El profesor Zarcko Alfirevic, de la Universidad de Liverpool, líder de la parte británica de la investigación sobre los efectos del sildenafil en el embarazo que citábamos anteriormente, declaró: "Este hallazgo en el estudio holandés es inesperado.

"Se necesita una investigación completa porque las complicaciones no se vieron en los otros ensayos similares que se desarrollaron en Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda", añadió.