jueves, 20 de septiembre de 2018
miércoles, 19 de septiembre de 2018
La mejoría en la atención en salud pasa por la cantidad pero también por la calidad
La mala atención
sanitaria mata más que la falta de ella
Por Patricia
Peiró
Un familiar va a
un hospital porque tiene un dolor. El médico no es capaz de hacer un diagnóstico
correcto o no dispone del material necesario para tratarle. Como consecuencia,
muere. Ha tenido acceso a un doctor, pero el resultado ha sido el mismo que si
no hubiera sido así. Según un estudio en 137 países coordinado por Margaret E.
Kruk, profesora de Salud Global en Harvard, la atención médica deficiente mata
al año a cinco millones de personas, y la falta de ella, a 3,6 millones. El
informe publicado en The Lancet ha recogido los datos de 2016 de 137 países. En
total, el estudio concluye que 8,6 millones de muertes fueron evitables y que
en un año fallecieron por causas achacables a deficiencias o ausencia del
sistema de salud ocho veces más personas que aquellas que murieron por
VIH-sida.
"Durante
años la estrategia ha estado destinada a promover que haya cobertura sanitaria
y la gente la use, pero ahora nos encontramos que la gente va a la clínica y
tiene este tipo de resultados, lo cual es un desperdicio de tiempo y de
confianza de los pacientes", asegura Kruk en una conversación telefónica.
El número de muertes atribuidas a una mala atención sanitaria suponen el 58% de
los decesos en los países analizados. "La expansión de la cobertura
sanitaria sigue siendo esencial, pero si no va acompañada de medidas de
calidad, la sanidad universal será un mito sin sentido", sentencia el
editorial de The Lancet. "El sistema de salud debe ser un asunto de
Estado, no solo del ministro de Sanidad", reafirma la investigadora.
Hace menos de un
año, la comunidad internacional debatía en la Asamblea de la ONU sobre el
objetivo de desarrollo sostenible marcado para 2030: la cobertura universal de
salud. Este estudio viene a poner el foco no solo en la cantidad, sino también
en la calidad. Ya entonces Chris Elias, presidente de Salud Global de la
Fundación Bill y Melinda Gates, resaltaba que no se puede invertir el dinero a
ciegas y que hay que basarse en mediciones fiables.
De los 8,6
millones de muertes, tres millones ocurrieron por deficiencia o falta de
cobertura médica y se concentraron en la región del sur de Asia; de éstos casi
dos millones se debieron a una atención deficiente. Esto obedece a dos motivos
simples: es la zona que combina más población y más acceso al sistema de salud.
En la mayoría de los casos analizados en el informe, el personal no tuvo
conocimientos o equipamiento para atender correctamente a pacientes con
problemas cardiovasculares, seguido de aquellos que sufrían dolencias para las
que ya existen vacunas y por problemas de los neonatos. La mitad de las muertes
se debieron a causas múltiples como tuberculosis, accidentes de tráfico,
problemas en el parto y HIV-sida.
"En España
o en Estados Unidos cualquier mujer va a dar a luz va a un hospital, donde hay
posibilidad de solucionar problemas como una infección. En los países con más
mortalidad se actúa de otro modo, la mayoría de madres paren en pequeñas
clínicas y esperan que, si hay algún contratiempo, les dé tiempo a llegar a un
hospital. Algo que obviamente no sucede. Tenemos que dejar de asumir que
cualquier clínica puede hacer cualquier cosa y tener expectativas reales, como
ir directamente al hospital y no cuando la mujer ya está desangrándose",
puntualiza Kruk.
La investigación
pone ejemplos de modelos exitosos como Ruanda que, en menos de 20 años, ha
pasado de una esperanza de vida de 48 años a 67. En ese país africano, al igual
que en Tailandia y Costa Rica, han conseguido mejoras en la supervivencia
materno-infantil gracias a la combinación de mejoras y expansión del sistema.
Tal y como afirmaba en un artículo la exministra de Salud ruandesa, Agnes
Binagwaho, la atención médica en su país llega al 90% de la población, más del
90% de los pacientes con VIH siguen un régimen farmacológico estable y el 93%
de los niños están vacunados contra enfermedades infecciosas.
La experta de Harvard
señala dos claves de mejora para reorientar los objetivos de salud: "La
formación de profesionales en muchos de estos países sigue un modelo atrasado.
Saben hacer muy buenos exámenes, pero no tratar con los pacientes. Por otro
lado, hay que evaluar el servicio y desarrollar mecanismos para que los
usuarios del sistema sanitario puedan valorarlo. Ellos tienen mejor que nadie
un diagnóstico de lo que funciona y de lo que no".
Este cambio de
tendencia ya ha sido advertido por numerosos expertos, pero este estudio lo
confirma con datos. El asesor del Banco Iberoamericano de Desarrollo (BID)
Diego Ríos Zertuche planteaba esta cuestión: "En el ámbito de la salud
resulta fácil saber si una comunidad dispone o no de un centro cercano y
accesible, si está abierto o cerrado, si cuenta con suficientes medicamentos o
si está atendido por personal cualificado. Pero ¿de qué sirve que un
ambulatorio esté equipado con las últimas tecnologías si no brinda servicios de
salud de calidad?".
Los países con
más recursos tienen un papel en la mejora de la calidad, como indica Kurk:
"Tenemos que acompañar a los países en desarrollo en su proceso de
implantación de un sistema de calidad, no llegar con grandes ideas y soluciones
rápidas".
FUENTES:
Cuenten uno, dos, tres, cuatro y cinco: un niño menor de 15 años acaba de morir
Un niño menor de 15 años muere
cada cinco segundos en el mundo, según un informe de la ONU
Los niños que viven en los países
con mayores tasas de mortalidad tienen hasta 60 veces más probabilidades de
morir en los primeros cinco años de vida que los de los países donde la mortalidad
es menor, según un informe.
Se calcula que 6,3 millones de
niños menores de 15 años murieron en 2017 por causas en su mayoría prevenibles,
según las nuevas estimaciones de mortalidad publicadas por UNICEF, la
Organización Mundial de la Salud (OMS), la División de Población de las Naciones
Unidas y el Grupo del Banco Mundial. Esta cifra representa la muerte de un niño
cada 5 segundos.
La gran mayoría de estas muertes
–5,4 millones– ocurren en los primeros cinco años de vida, y alrededor de la
mitad son de recién nacidos.
“Si no se toman medidas urgentes,
56 millones de niños y niñas menores de cinco años morirán de aquí a 2030, la
mitad de ellos recién nacidos”, dijo Laurence Chandy, Directora de Datos,
Investigaciones y Políticas de UNICEF. “A pesar de los progresos notables que
henos logrado desde 1990, millones de niños siguen muriendo simplemente debido
a su identidad o al lugar donde han nacido. Con soluciones sencillas como
medicamentos, agua potable, electricidad y vacunas podemos cambiar esa realidad
para todos los niños”.
A escala mundial, la mitad de
todas las muertes de menores de cinco años que se produjeron en 2017 ocurrieron
en África subsahariana, y otro 30% en Asia meridional. En África subsahariana,
1 de cada 13 niños muere antes de cumplir cinco años. En los países de altos
ingresos, esa cifra era de 1 de cada 185.
“Millones de bebés y de niños no
deberían seguir muriendo cada año por falta de acceso al agua, el saneamiento,
la nutrición adecuada o los servicios básicos de salud”, dijo la Dra. Princess
Nono Simelela, Subdirectora General de Salud de la Familia, la Mujer y el Niño
de la OMS. “Debemos dar prioridad a la tarea de proporcionar a todos los niños
acceso universal a servicios de salud de calidad, especialmente en el momento
del nacimiento y durante los primeros años de vida, a fin de darles la mejor
oportunidad posible de sobrevivir y prosperar”.
La mayoría de los niños menores
de 5 años mueren por causas que se pueden evitar o tratar, como complicaciones
durante el parto, neumonía, diarrea, sepsis neonatal y paludismo. En
comparación, las lesiones son una causa más importante de mortalidad entre los
niños de 5 a 14 años, especialmente por casos de ahogamiento y vinculados al
tráfico vial. Dentro de este grupo de edad también existen diferencias
regionales, ya que el riesgo que corre un niño de morir en África subsahariana
es 15 veces mayor que en Europa.
“El hecho de que más de seis
millones de niños y niñas mueran antes de cumplir sus 15 años es un costo que
simplemente no podemos permitirnos”, dijo Timothy Evans, Director superior de
Práctica Global de Servicios de Salud, Nutrición y Población del Banco Mundial.
“Es fundamental poner fin a las muertes evitables e invertir en la salud de los
jóvenes para reforzar el capital humano de los países e impulsar de este modo
su crecimiento y prosperidad en el futuro”.
Para los niños de todo el mundo,
el período más arriesgado de la vida es el primer mes. En 2017, 2,5 millones de
recién nacidos murieron durante su primer mes de vida. Un bebé nacido en África
subsahariana o en Asia meridional tiene nueve veces más probabilidades de morir
durante su primer mes que un bebé nacido en un país de altos ingresos. Y los
progresos desde 1990 para salvar las vidas de los recién nacidos han sido más
lentos que en el caso de los niños menores de cinco años.
Incluso dentro de los países hay
disparidades. Las tasas de mortalidad de menores de cinco años entre los niños
de las zonas rurales son, como promedio, un 50% más altas que entre los niños
de las zonas urbanas. Además, los nacidos de madres sin instrucción tienen más
del doble de probabilidades de morir antes de cumplir los cinco años que los
nacidos de madres que han realizado estudios secundarios o superiores.
A pesar de estos desafíos, cada
año hay menos muertes de niños en todo el mundo. El número de niños que mueren
antes de cumplir cinco años ha disminuido drásticamente, de 12,6 millones en
1990 a 5,4 millones en 2017, y lo mismo ha ocurrido con los niños de entre 5 y
14 años, cuya mortalidad se redujo de 1,7 millones a menos de un millón en el
mismo período.
“Este nuevo informe pone de
relieve los notables progresos logrados desde 1990 en la reducción de la
mortalidad entre los niños y los adolescentes”, dijo el Secretario General
Adjunto de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, Liu Zhenmin.
“Reducir la desigualdad mediante la prestación de asistencia a los recién
nacidos, los niños y las madres más vulnerables es esencial para alcanzar la
meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de poner fin a las muertes
infantiles prevenibles y garantizar que nadie se quede atrás”.
martes, 18 de septiembre de 2018
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Porque hay que ser un artista para ingeniarse una receta así que la pueda entender una persona iletrada
sábado, 15 de septiembre de 2018
martes, 11 de septiembre de 2018
lunes, 3 de septiembre de 2018
domingo, 2 de septiembre de 2018
Conozcan a Vilma y a Brandon: les tomó casi 30 años volverse a encontrar
Brandon Seminatore nació en 1990 de forma
prematura (a las 29 semanas de edad gestacional) en el hospital para niños
Lucile Packard de Palo Alto, en California, Estados Unidos. Durante su primera
larga estancia en el hospital, una enfermera llamada Vilma Wong cuidó de él. La
familia de Brandon siempre agradeció la atención y cariño que le dio Wong a su
hijo.
Ahora, 28 años después, Brandon ha comenzado su
residencia como neurólogo pediatra en el mismo hospital y se ha reencontrado
con Vilma. Así lo cuenta la propia enfermera en la página web del hospital:
«Brandon estaba en mi equipo cuidando a uno de mis pacientes. Le pregunté cómo
se llamaba y su apellido me resultó muy familiar».
Y continúa: «le pregunté más cosas y él me
contó que era de San José y que había nacido de manera prematura en ese
hospital. Yo recordaba haber cuidado de un bebé con el mismo apellido y le
pregunté, para estar segura, si su padre era policía. En ese momento guardó un largo
silencio. Después me preguntó si yo era Vilma y yo le dije que sí».
Cuando Brandon
comenzó su residencia en el Packard Children's, su madre le pidió que buscara a
la enfermera Vilma en la NICU (Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, por
sus siglas en inglés). Suponiendo
que ya se hubiera retirado, no pensó mucho más en eso. Pero pronto todo eso cambió.
En la página de Facebook de la institución han
publicado dos fotografías, una de cuando Brandon era un recién nacido en los
brazos de Vilma y otra de ambos juntos en la actualidad.
Los padres de Brandon estaban encantados de
escuchar acerca de su reunión y compartieron la imagen que tenían de Vilma
sosteniéndolo en su regazo, que han mantenido todos estos años.
«Conocer a Vilma ha sido una experiencia
increíble», contó Seminatore en la publicación «The Mercury News». «Se preocupa
muchísimo por sus pacientes, hasta el punto de recordar los nombres casi tres
décadas después».
Vilma ha sido
enfermera en la NICU en Packard Children's durante 32 años. Las
enfermeras de la NICU brindan gran parte de la atención práctica de algunos de
los pacientes más frágiles del hospital y lidian diariamente con situaciones de
alto estrés. "A
pesar de que es una profesión muy desafiante, ser enfermera de NICU también es
muy gratificante", dijo Vilma. "Me
considero muy afortunada de estar en una profesión que amo y de hacer una diferencia
en la vida de alguien".
FUENTES: https://healthier.stanfordchildrens.org/en/packard-childrens-nicu-nurse-and-former-patient-reunite/
jueves, 30 de agosto de 2018
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