miércoles, 29 de junio de 2016

La desigualdad matará a 69 millones de niños en 15 años




Muhammad Modu, de 15 años y desplazado interno de Malori, excava en el vertedero de un recinto cerrado junto a la carretera principal que atraviesa Maiduguri, Nigeria, para buscar artículos que puedan ser revendidos, el 24 de marzo de 2016. Muhammad tamiza a través de la humeante basura bajo un sol aplastante. Después de dos o tres días de este minucioso trabajo, Muhammad reúne material suficiente para vender por unos 75 centavos de dólar.




Por Lola Hierro

Hay avances en la protección de los menores, pero la inequidad crece. El informe 'El estado mundial de la infancia en 2016' de Unicef alerta de que para 2030 otros 167 millones vivirán en la pobreza

Escribe Kailash Satyarthi, premio Nobel de la paz, que hace muchos años conoció en las estribaciones de la cordillera del Himalaya a un niño trabajador, pequeño y flaco. Y le preguntó: "¿Está el mundo tan pobre que no puede darme un juguete y un libro, en lugar de obligarme a tomar un arma o una herramienta?". En otra ocasión, una pequeña colombiana, ya madre, que había sido violada y utilizada como esclava sexual, le hizo otra pregunta: "Nunca he tenido un sueño. ¿Podrá mi hijo tener uno?". A las preguntas de ambos, habría que responder con un no. No, porque el mundo no hace lo suficiente para que todos ellos puedan aprender, jugar y crecer. Y habría que decirles además que, si continúan las tendencias actuales, 69 millones de menores como ellos se morirán antes de cumplir cinco años, otros 167 millones vivirán sumidos en la pobreza y 750 millones de mujeres se habrán casado siendo todavía niñas, todo de aquí a 2030, año límite para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible que buscan que, para esa fecha, el mundo sea menos desigual. Estos son las desoladoras cifras que arroja el Estado Mundial de la Infancia 2016. Una oportunidad para cada niño, el principal informe anual de Unicef que presenta hoy.

El informe señala que se han logrado progresos considerables en la tarea de salvarles la vida, reducir la pobreza y lograr que asistan a la escuela. Las tasas mundiales de mortalidad de menores de cinco años se han reducido en más de la mitad desde 1990, los niños y niñas asisten a la escuela primaria en igualdad en 129 países y el número de personas que viven en la extrema pobreza en todo el mundo es casi la mitad que en la década de 1990. Pero este progreso no ha sido uniforme ni justo. Los que se encuentran en mayor situación de pobreza tienen el doble de probabilidades que los más ricos de morir antes de cumplir cinco años y de sufrir desnutrición crónica. Si comparamos Sierra Leona, país africano, con Reino Unido, europeo, la diferencia se dispara: el crío del primero tiene hoy 30 veces más posibilidades de morirse que el otro.

Así, Unicef advierte que el ritmo del progreso en materia de salud y supervivencia infantil y materna podrá aumentar o disminuir en función de las decisiones políticas que los gobernantes tomen en los próximos años. Pero si las tendencias actuales no han cambiado para 2030, además de los 69 millones de muertes —casi la mitad en África subsahariana y una tercera parte en Asia meridional—, ocurrirá que más de la mitad de los fallecimientos de menores de cinco años se producirán en cinco países (India, Nigeria, Pakistán, República Democrática del Congo y Angola), y que la tasa mundial de mortalidad materna será de unas 161 por cada 100.000 nacidos vivos.

El acceso a la educación también es muy desigual. El informe revela que en la mayoría de los países menos de la mitad de los menores asisten a programas de enseñanza para la primera infancia. Cerca de 124 millones no pueden acceder a la escuela o finalizar su educación. De ellos, unos 65 millones de adolescentes no llegan a completar el primer ciclo de secundaria y otros 59 millones ni siquiera cursan la primaria. Más de la mitad de estos últimos viven en África subsahariana, que es la región donde se registran los peores datos. Es aquí donde por lo menos 247 millones de niños (dos tercios del total) viven en medio de una pobreza multidimensional, privados de lo necesario para sobrevivir.
Tampoco hay que olvidar quienes ven su educación interrumpida por emergencias humanitarias y crisis prolongadas: alrededor de 75 millones entre tres y 18 años de 35 países. De ellos, 17 millones son refugiados o desplazados internos de países como Siria, Yemen, Irak, República Democrática del Congo o Somalia, entre muchos ejemplos.

Si no se corrige la situación, en 2030 habrá más de 60 millones de niños no escolarizados y en los países menos desarrollados las tasas de finalización de los estudios no pasarán del 76% en el caso de la primaria y el 50% en caso de la secundaria. Una vía para cambiar este sombrío pronóstico es invertir en los niños más vulnerables mediante transferencias de efectivo, según el informe, que ayudan a los estudiantes a mantenerse más tiempo en la escuela y alcanzar niveles de enseñanza superiores.  "Como promedio, cada año adicional de educación que el niño recibe aumenta sus ingresos en aproximadamente un 10% cuando se convierte en adulto. Y por cada año adicional de escolaridad, las tasas de pobreza del país descienden en un 9%", sostiene Unicef.

El drama del matrimonio infantil

El informe de Unicef no olvida a los riesgos específicos que corren las niñas por el solo hecho de su género y, en concreto, alerta del número alarmante de matrimonios prematuros, un fenómeno que también influye en los patrones de mortalidad infantil. Los índices están disminuyendo: mientras que el 48% de las mujeres de 45 a 49 años de edad se casaron antes de cumplir los 18 años, la proporción entre las de 20 a 24 ha bajado al 35%. Este descenso es muy lento, ya que cada año unos 15 millones de niñas son casadas antes de cumplir los 18 años contra su voluntad y empiezan a procrear demasiado pronto, cuando no están preparadas ni física ni psicológicamente ni tienen, en muchas ocasiones, acceso a servicios de salud reproductiva. De no lograr una mayor protección para ellas, en 2030 serán 750 millones las casadas antes de tiempo.

En todo el mundo, las niñas novias tienen menos probabilidades que las adultas de recibir atención médica durante el embarazo, y la falta de cuidados y el carecer de una madurez física suficiente para dar a luz llevan a complicaciones durante el embarazo y el parto que ya son la segunda causa de muerte de mujeres de entre 15 y 49 años. Los bebés de las menores de 20 tienen 1,5 más posibilidades de morirse durante sus primeros 28 días de vida que los hijos de las madres más mayores.

España bate récords de pobreza infantil

En España, la tasa de riesgo de pobreza de los niños batió records: pasó del 30% de 2014 al 34,4% en 2015. La peor parte la llevan los hogares de migrantes con hijos pequeños, donde esta cifra aumenta hasta el 60,3% de los nacidos en familias extranjeras, "un dato que pone en evidencia las barreras de estos colectivos en el acceso a derechos y servicios", denuncia la organización.

En educación los datos son poco alentadores igualmente, pues en 2015 la tasa de abandono escolar fue del 20%, muy por encima a la media europea del 11%. Un 24% de los niños deja los estudios antes de tiempo frente al 15,8% de las chicas. Unicef recuerda así mismo que ya en 2014, la inversión en educación se redujo en 5.000 millones de euros anuales respecto a 2009, y la inversión en protección social de los niños y sus familias en otros 2.700 millones de euros. A raíz de las recientes elecciones y la próxima elección de un nuevo Gobierno para los próximos cuatro años, Unicef aprovecha la ocasión para recordar su propuesta de alcanzar un Pacto de Estado por la Infancia que incluya un incremento significativo de las inversiones en infancia. "Instamos al nuevo Gobierno a concretar un plan para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que incluya indicadores de lucha contra la desigualdad y que se centre específicamente en llegar a los niños más vulnerables de nuestro país".


 

viernes, 17 de junio de 2016

jueves, 16 de junio de 2016

Morir dando a luz




La silenciosa batalla contra la muerte materna en América Central

Por Emma Iriarte

Morir dando a luz. Esa es la condena silenciosa a la que están sentenciadas anualmente miles de mujeres pobres en América Central. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el pasado año fallecieron 977 mujeres durante el parto en Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y la región mexicana de Chiapas. Al menos la mitad de estas madres, deberían de estar hoy vivas, junto a sus hijos y su familia.

La mayoría de esas muertes eran evitables. Sin embargo, la falta de acceso a servicios sanitarios que sufre el 20% de las mujeres más pobres de Mesoamérica las condena a tener el doble de posibilidades de morir durante el parto que el resto de mujeres de sus mismos países. El reto es mayúsculo, pero también lo es el espacio que hay para el optimismo y la acción. Desde el año 2011, la muerte materna se ha reducido un 10% en la región.

Hace ahora cinco años, los siete países de la región de América Central, junto con el estado de Chiapas en México, se conjuraron para disminuir la muerte materna y neonatal y mejorar el acceso a la atención de salud con calidad del 20% más pobre de sus países. Así nació la Iniciativa Salud Mesoamérica, que cuenta con el apoyo de la Fundación Bill & Melinda Gates, el Instituto Carlos Slim de la Salud y la Agencia Española de Cooperación; y con el manejo y el apoyo técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El primer paso en la lucha contra la “epidemia” de mortalidad materna y neonatal entre las mujeres más pobres de América Central fue documentar la magnitud y causas del problema. Los datos no engañaban y relevaban las grandes brechas de equidad en el acceso a la salud, especialmente de mujeres y recién nacidos.

En el año 2010, tan solo 48 de cada 100 mujeres pobres recibían atención médica durante el embarazo, comparado con 99 de cada 100 en el 20% más rico de la población y 77 de cada 100 mujeres en la población promedio. Apenas 50 de cada 100 mujeres pobres eran atendidas por personal calificado durante el parto, comparado con 92 de cada 100 en el 20% más rico y 67 de cada 100 en la población promedio.

La solución no pasaba por realizar grandes inversiones, ni construir costosas infraestructuras. Los gobiernos de la región se comprometieron a cumplir una serie de indicadores de estado de salud que les obligaban a mejorar sus procesos y la eficiencia y calidad de sus sistemas sanitarios. Era el comienzo de una revolución silenciosa, con tintes de movimiento social, que involucraba a ministerios de salud, médicos, enfermeras, parteras, voluntarios y líderes comunitarios.

Cinco años después, las historias de éxito se multiplican a lo largo de toda la región. En enero de 2015, Ana Gómez sufrió una complicación durante su parto; vivía en una aldea de Chiapas, a tres horas en coche del centro hospitalario más cercano. Estaba condenada a morir, tanto ella como su bebé. Sin embargo, una radio instalada en el dispensario médico de su aldea permitió avisar de urgencia al centro hospitalario. Cuando Ana llegó al Hospital, todo estaba ya listo para atender la urgencia. Una pequeña radio y un protocolo de emergencia bien coordinado y ejecutado permitieron salvar la vida de Ana y de su bebé.

Elizabeth Peralta vive en la montañosa región central de Nicaragua, a varias horas de camino en coche de la principal ciudad. En el año 2014, Elizabeth inició su trabajo de parto de manera inesperada en su hogar. Apenas hubo tiempo para trasladarla al hospital. Dos años más tarde, Elizabeth está a punto de dar a luz a su tercer hijo. Dos semanas antes del término de su embarazo ha decidido trasladarse a la Casa Materna que el Gobierno de Nicaragua ha construido junto al Hospital de Pantasma donde será atendida y monitorizada mientras llega su momento de dar a luz. Un sistema de vales le cubre de manera gratuita el transporte, la estancia y la comida.

Ingrid Violeta Flamenco es la directora del Centro Médico de Tacuba, una montañosa y pobre región al oeste de El Salvador. Atiende a una población de 31.000 ciudadanos, que hasta el año 2011 se habían acostumbrado a convivir con la tragedia de la muerte materna. “Hasta el año 2010 fallecían en nuestra comunidad entre 15 y 20 mujeres anuales dando a luz. Desde el año 2011 solo hemos tenido una muerte materna”, reconoce la médica de Tacuba, que señala que la principal causa de este descenso se ha logrado especialmente porque más mujeres acuden a un hospital para la atención calificada del parto, en lugar de tener sus bebes en casa. “Hemos pasado en cinco años de un parto institucional de un 40% a una tasa superior al 90%”, explica la doctora Flamenco, quien asegura que este cambio de comportamiento ha salvado decenas de vidas en su comunidad.

Un pequeño equipo de radio en un dispensario médico, la construcción de una modesata casa materna, unos vales de ayuda para el transporte y el alojamiento, unos nuevos protocolos de atención de urgencias obstétricas, una red local de voluntarios que asesoran a las mujeres en asuntos de parto y de planificaciónfamilia; 'estos aparentemente pequeños cambios en los sistemas de salud son los que salvan la vida de cientos de madres y bebés al año. Los países de América Central han econtrado la fórmula para hacer frente al peor, más desconocido y más injusto de sus retos sanitarios'.