lunes, 3 de diciembre de 2012

Un día como hoy, 03 de diciembre...





Carlos Juan Finlay y Barrés nació en Puerto Príncipe, hoy Camagüey, Cuba, el 3 de diciembre de 1833, de ascendencia francesa y escocesa. Descubrió y describió la importancia del vector biológico a través de la teoría metaxénica de la trasmisión de enfermedades por agentes biológicos, aplicándola a la fiebre amarilla transmitida por el mosquito Aedes aegypti.

Su infancia la vivió tanto en La Habana como en el cafetal de su padre, en la zona de Alquízar. A los once años de edad (1844) lo enviaron a estudiar a Le Havre, Francia. Dos años después,  regresó a Cuba debido a una enfermedad. Retornó a Europa en 1848 para completar su educación. Después de un período en Londres, ingresó en el Liceo de Ruan, donde permaneció hasta 1851, cuando regresó a Cuba, convaleciente de un ataque de fiebre tifoidea.

Desde 1853, cursó la carrera de Medicina en el Jefferson Medical College en Filadelfia, Pennsylvania, donde se doctoró el 10 de marzo de 1855. Completó sus estudios en La Habana y en París. En 1857 revalidó su título en la Universidad de La Habana en donde se radicó y abrió un consultorio médico.

Gracias a sus análisis y estudios, hechos desde 1870, Finlay fue el primero en teorizar (1881) que la transmisión de la fiebre amarilla se realizaba por un agente intermediario (vector). Con los medios aportados por la comisión mixta hispano-estadounidense, fue capaz de identificar al mosquito Culex o Aedes aegypti como el agente transmisor de la enfermedad. Sus estudios lo llevaron a entender que era la hembra fecundada de esta especie la que transmitía la fiebre amarilla.

En 1881 fue a Washington, D.C., como representante del gobierno colonial ante la Conferencia Sanitaria Internacional, donde presentó por primera vez su teoría de la transmisión de la fiebre amarilla por un agente intermediario, el mosquito. Su hipótesis fue recibida con frialdad y casi total escepticismo. Solo fue divulgada por una modesta revista médica de Nueva Orleans a través del doctor Rudolph Matas, recién graduado en Medicina, quien había participado en la comisión mixta hispano-norteamericana en calidad de intérprete, por ser hijo de españoles.

De regreso a Cuba, en junio de 1881, realizó experimentos con voluntarios y no solo comprobó su hipótesis, sino que descubrió también que el individuo picado una vez por un mosquito infectado, quedaba inmunizado contra futuros ataques de la enfermedad. De ahí nació el suero contra la fiebre amarilla. En agosto de ese mismo año presentó ante la Academia de Ciencias Médicas de La Habana su trabajo de investigación.

No obstante ello, por más de dos décadas, los postulados de Finlay fueron ignorados y su teoría de que un huésped intermediario era el responsable de la propagación de la enfermedad fue ridiculizada. Solamente después de terminada la Guerra Hispano-Estadounidense, cuando el general Leonard Wood, gobernador de Cuba, pidió que se probara la teoría de Finlay, se volvieron a revisar sus trabajos de investigación, así como los exitosos experimentos que había realizado durante todos esos años. En palabras del general Wood, médico y gobernador militar de EE.UU. en Cuba en 1900: "La confirmación de la doctrina del Dr. Finlay es el mayor paso adelante dado en la ciencia médica desde el descubrimiento de Jenner de la vacunación [contra la viruela]".

Su hipótesis y pruebas exhaustivas se confirmaron casi veinte años más tarde por la Comisión Walter Reed de 1900. Finlay se convirtió en el Oficial Jefe de Salud de Cuba desde 1902 hasta 1909. Aunque el Dr. Reed recibió la mayor parte del crédito en los libros de historia por erradicar la fiebre amarilla, Reed acredita al Dr. Finlay el descubrimiento del vector de la enfermedad y la manera en que podría ser controlado. Walter Reed cita a menudo a Finlay en sus propios artículos y le dio crédito por el descubrimiento en su correspondencia personal.

Este descubrimiento ayudó a William Crawford Gorgas, médico militar que había tratado, sin conseguirlo, de erradicar la fiebre amarilla en Santiago de Cuba, que había sido nombrado Jefe Superior de Sanidad en La Habana en diciembre de 1898, a reducir la incidencia y prevalencia de las enfermedades transmitidas por mosquitos en Panamá durante la campaña estadounidense (a partir de 1903) para construir el Canal de Panamá. Antes de esto, cerca del 10% de la fuerza laboral moría cada año de malaria y de fiebre amarilla. A iniciativa de Finlay, Gorgas, creó una Comisión Cubana de la Fiebre Amarilla que, siguiendo las indicaciones del médico cubano, combatió al mosquito y aisló a los enfermos. En sólo siete meses había desaparecido la terrible enfermedad de Cuba.

El doctor Gorgas fue finalmente enviado a sanear el Istmo de Panamá a fin de poder completar la construcción del canal; ahí aplicó los mismos principios indicados por el doctor Finlay, lo cual permitió terminar esta gran obra de ingeniería. Una placa en el propio Canal de Panamá reconoce la contribución del doctor Carlos J. Finlay en el éxito de esta magna obra.

El Dr. Finlay fue miembro de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Hablaba fluidamente francés, alemán, español e inglés y sabía leer latín. Sus intereses eran muy generalizados y escribió artículos sobre temas tan variados como la lepra, el cólera y enfermedades de las plantas. Pero su principal motivación fue la fiebre amarilla, habiendo sido el autor de 40 artículos acerca de esta enfermedad. Como resultado de su trabajo, fue nominado siete veces para el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, pero nunca le fue concedido. Recibió, en cambio, la Orden Nacional de la Legión de Honor de Francia en 1908.

En memoria del doctor Finlay, el 3 de diciembre fue instituido como Día del Médico en varios países de América.

También en su honor, el gobierno de Cuba creó, y la UNESCO entrega cada dos años, el Premio de Microbiología Carlos J. Finlay a investigadores cuya labor en temas relacionados con la microbiología (inmunología, biología molecular, genética y otras) hayan contribuido de manera destacada a la salud. Su objetivo es promover la investigación y los avances en la microbiología.


Carlos Finlay falleció en su casa de La Habana, el 20 de agosto de 1915, a causa de una insuficiencia cardiaca motivada por una neumonía.

martes, 27 de noviembre de 2012

Con seguridad, los ejemplos a seguir...





Funcionarios del St. Vincent Carmel Hospital en Carmel, Indiana, Estados Unidos, han anunciado que la segunda fase de una significativa renovación de 2.600 metros cuadrados (28.000 pies cuadrados) de las habitaciones y servicios en la Unidad de Maternidad se ha completado. Los bebés que nacen antes de tiempo o que necesitan atención en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) tienen ahora un lugar más tranquilo para descansar y crecer en las nuevas salas privadas de nivel III.

Los funcionarios del Hospital llevaron a cabo una amplia investigación preguntando a mujeres y a las familias para aprender lo que querían durante su experiencia hospitalaria en el momento de tener un bebé. De ese modo, se enteraron que la comunidad estaba interesada en disponer de habitaciones más espaciosas, que contasen con decoración de buen gusto que uno podría encontrar en un hotel de cuatro estrellas.

Los nuevos cuartos privados de la UCIN, que también tienen capacidad para atender a gemelos y trillizos, proporcionan un mejor control del medio ambiente del bebé con menos ruido y actividad, menos interrupciones para dormir y un ambiente más propicio para mejorar los resultados del neurodesarrollo.

"Es muy típico de las UCIN tener ambientes abiertos donde hay muchos bebés siendo atendidos al mismo tiempo", dijo Michelle Slayman, Directora de los Servicios Perinatales del St. Vincent Carmel Hospital. "No es raro escuchar varias alarmas simultáneas o ver a varios padres en un espacio compartido de la UCIN, lo cual puede ser estresante para el bebé, así como para los padres."

La renovación de la UCIN también viene con nuevas tecnologías. Puesto que los bebés se encuentran en habitaciones privadas, se ha instalado la más sofisticada tecnología de gestión de pacientes. Las alarmas para bebés son enviadas hacia dispositivos personalizados que usan las enfermeras. Esta tecnología también permite al personal de enfermería ver el estado de un bebé cuando no está en su cabecera.

Las habitaciones privadas de la UCIN también incluyen obras de arte de artistas locales, música relajante y un espacio familiar que puede mejorar la experiencia de los padres y de su familia, permitiendo procesar mejor las preocupaciones acerca de la salud y los gastos que generará el bebé.

Este hospital tiene 124 camas y, típicamente, atiende partos de personas procedentes del norte de Marion County, Carmel, Fishers, Westfield y Zionsville. El último informe de la Oficina del Censo ha indicado que la población se ha duplicado desde el año 2000. Este crecimiento se ha tenido en cuenta para la renovación.

EL St. Vincent Carmel Hospital está preparado para cualquier cosa que pueda surgir antes, durante y después del nacimiento. En caso de que se necesite más atención, obstetras, ginecólogos, anestesiólogos y neonatólogos están disponibles todo el día. Para apoyar los partos de alto riesgo, los bebés en la UCIN reciben atención integral continua. Además, personal certificado en manejo del  alto riesgo obstétrico se especializa en ayudar a las futuras mamás con varias condiciones de salud como asma, diabetes o en los nacimientos múltiples. Para apoyar los partos de alto riesgo, la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales está designada como de Nivel III por el Estado de Indiana.

"Estamos muy entusiasmados con la renovación. Después de ocho años se están remodelando las habitaciones y ampliando las comodidades para satisfacer las necesidades de los pacientes y sus familias." dijo Slayman.

La renovación incluye amplias habitaciones con azulejos decorativos que ofrecen duchas de lluvia en su baño privado. Las puertas de vidrio conducen hacia habitaciones que son más cómodas para la madre, su pareja y su familia. Además, las salas de examen se han mejorado y ampliado durante la fase I y las salas de pre-parto, de parto y el área de cuidados intensivos neonatales lo han hecho luego de la fase II. Los espacios familiares de espera también se han renovado completamente con una nueva chimenea, baldosas de mosaico de vidrio, obras de arte y mobiliario. A lo largo de las áreas recientemente renovadas se mostrarán fotografías y obras de arte con los niños y sus familias realizadas por artistas de la localidad.

Las suites de parto ofrecen características que incluyen una cama de parto totalmente ajustable y una alcoba infantil adjunto a cada habitación. Otras comodidades incluyen un televisor, reproductor de DVD y conexión inalámbrica a Internet.

"La mayoría de las mujeres dan a luz sin complicaciones", dijo Slayman. "Sin embargo, cuando se necesita más competencia, los expertos del St. Vincent Carmel están bien preparados para cualquier cosa que pueda surgir".

martes, 13 de noviembre de 2012

Un bebé de 465 gramos lucha contra la muerte en Marabá (Brasil)



           Un recién nacido que necesita de cuidados intensivos que sólo una UCIN le puede ofrecer



Por Evandro Correa

Lunes, 13 de agosto del 2012.

Un bebé de tan sólo 465 gramos nació el miércoles 08 de agosto en el Hospital de Niños de Marabá, en el estado de Pará en el centro norte del Brasil, y necesita urgentemente de todo el trabajo de una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatal (UCIN) para continuar su lucha contra la muerte. "Él es un héroe, y está pidiendo vivir desde el primer minuto". Es así como la intensivista Valeria Caselli Ferreira del Hospital de Niños resume el caso del recién nacido. 

La madre del bebé, Aline Lima Rocha, de 22 años, llegó a su tercer embarazo en una situación similar a la de los dos anteriores, en los que sufrió abortos involuntarios. Ahora, con cinco meses de embarazo, pasó 12 días hospitalizada, habiendo sido sometida a un cerclaje para tratar de sostener al bebé en el vientre materno. Sin embargo, debido a que se perdía demasiado líquido amniótico, el parto tuvo que hacerse el día 08.

Según Caselli, la literatura informa que en los casos de partos de alrededor de 23 semanas de gestación, no se debe tratar de resucitar al bebé, que nace con prácticamente ninguna oportunidad de sobrevivir. "Pero él sacudió el dedo y gritó como si estuviera pidiendo ganarse la vida. Él es un héroe, un milagro", dice explicando que, incluso entonces, los casos como el suyo apenas llegan a las 24 horas de vida. Las dimensiones de este bebé, que vino al mundo por parto normal, impresionan. Además de un peso de sólo 465 gramos, mide 29 cm y tiene 24 cm de circunferencia cefálica. Después de su nacimiento, el bebé de Aline Lima fue trasladado a la UCIN donde fue sometido a ventilación mecánica y se hizo uso de fármacos vasoactivos.

Los médicos explican que todo lo que se puede hacer en ese hospital por el niño ya se ha hecho, pero advierte que el bebé necesitará nutrición parenteral hasta el décimo día de vida o más. Esto no existe en este hospital. Valeria Caselli pide a las autoridades del Estado que puedan transferir urgentemente al bebé a un área de Cuidados Intensivos, ya sea en el hospital Santa Casa, en Belén o en otra unidad similar. "La familia tiene pocos recursos económicos y no pueden ingresar al recién nacido en un hospital privado o en otro centro", explica.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Lo que dejó el huracán Sandy en Nueva York


“Abraza fuerte al bebé”


Bajar nueve pisos a toda velocidad con un recién nacido.

Por Abby Haglage

Newsweek, 11 de noviembre del 2012, 16p.



Fue la pesadilla de cualquier enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. Un huracán, un sótano inundado, un generador averiado además, y de manera aterradora, 19 bebés gravemente enfermos en un hospital sin electricidad. En una imagen de humildad sobre la evacuación en el Centro Médico de Langone de la Universidad de Nueva York -ahora ubicuo- un equipo de profesionales médicos empuja rápidamente una camilla amarilla con una enfermera y un pequeño bebé hacia una ambulancia. Entre el pánico inimaginable que la rodea, Margot Condon -sujetando al niño- es la imagen misma de la calma.

“Tranquila”. Es así como Con­don, una veterana de 36 años de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (NICU, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Nueva York, recuerda haberse sentido. Cuando el huracán Sandy golpeó la ciudad de Nueva York, llenando el sótano de Langone con cientos de galones de agua, los generadores fallaron y, con ellos, la energía eléctrica. Mientras se difundían noticias de una evacuación inminente, Condon y su equipo de enfermeras de la NICU hicieron causa común. "Sólo hicimos lo que siempre hacemos -lo que hacen las enfermeras-, cuidamos a los bebés. Los mantenemos seguros".

Mientras estudiantes de medicina de toda la ciudad entraban corriendo con linternas para iluminar la oscuridad, Condon dice que el sentimiento de determinación, de que estaban haciendo algo mucho más grande que ellos mismos, podía sentirse en el aire. "Todo el mundo se centró en mantener seguros a los bebés, en sacarlos de una forma tranquila -la intención positiva era tan fuerte", dice. "Simplemente... nos dejamos llevar."

Todo el sentido del tiempo desapareció mientras las enfermeras preparaban a los diminutos bebés para enfrentar prematuramente otro elemento -esta vez, el viento y la fuerte lluvia del mundo exterior. Una palmada en el hombro, "Estamos listos para salir, Margot... Es hora de irnos", y no hubo vuelta atrás. Salvo por las linternas de los voluntarios, el pozo de la escalera estaba totalmente oscuro. Seis médicos y enfermeras hacían malabares con el equipo de soporte vital del bebé (tubo de respiración, tubo de alimentación, línea central, línea intravenosa y monitor cardíaco). "No podía respirar por sí mismo. Teníamos que ayudarle a hacerlo", explica Condon. "Quizás estaba asustada en cierto nivel, pero no lo sentía", dijo. "Fue algo hermoso -todos ayudándose unos a otros. Yo estaba tranquila". "Mantente tranquila, abraza fuerte al bebé, observa sus signos vitales, asegúrate de que el tubo de respiración esté conectado, observa la línea intravenosa", se dijo a si misma en voz baja durante su descenso por los nueve oscuros pisos sujetando al bebé de dos libras de peso -demasiado pequeño para tener un nombre- que había nacido apenas ocho horas antes. "Se convirtió en un mantra que repetí una y otra vez, dice. "Un paso a la vez... un paso a la vez".

Después de acompañar al bebé al Hospital de Mount Sinai, Condon llegó a casa, a un departamento sin luz, con un marido orgulloso y una copa de whisky. ¿A las 6 a.m.? "Por supuesto", dijo.