miércoles, 4 de octubre de 2017

"Vacunar a mi hijo iría en contra de mi religión"






El movimiento anti vacunas es una corriente que, para desgracia de muchos pediatras y organismos internacionales está a la orden del día en países europeos como Italia o Francia, donde epidemias de enfermedades como el sarampión han vuelto a poner a las autoridades en jaque, o como en Estados Unidos donde hay padres que incluso prefieren ir a la cárcel a vacunar a sus hijos, proclamando que hacerlo iría en contra sus creencias.

En Estados Unidos, la Asociación Médica Americana ha desacreditado de forma reiterada a los progenitores que rechazan vacunar a sus hijos por razones alejadas de la medicina y, al igual que otros organismos como la Organización Mundial de la Salud, hacen hincapié en su capacidad para erradicar, proteger y prevenir que los más pequeños padezcan enfermedades como el sarampión, la varicela o las paperas. En ese país, todavía en 20 de los 50 estados más Washington DC, proponen no vacunar por motivos religiosos y personales. Solo tres estados, California, Mississippi y Virginia Occidental, no permiten exenciones no médicas.

Efectivamente, los padres que retrasan o rechazan la vacunación para sus hijos lo hacen por varias razones: creencias religiosas, personales o filosóficas; razones de seguridad para sus hijos y la falta de información que, según reclaman, existe por parte de los sanitarios, según una última investigación realizada en 2016 y publicada en el Journal of Pediatric Pharmacology and Therapeutics.

Un último caso acontecido en EE UU ha puesto a los anti vacunas, de nuevo, en el centro del debate cuando una mujer de Detroit (Michigan), Estado en el que no hay obligación de vacunar a los hijos, ha asegurado en varios medios estadounidenses “que prefiere ir a la cárcel que poner las nueve vacunas a su hijo de nueve años”. La obligación de vacunar se produce tras una sentencia judicial. “Vacunar a mi hijo iría en contra de mi religión. Esto se trata del derecho a decidir. De elección. De poder elegir las opciones médicas con respecto a mis hijos”, dijo la mujer en The Washington Post. La madre fue demandada por su ex marido el pasado noviembre y desde entonces no ha procedido a la vacunación de su pequeño. El plazo límite es este miércoles. “No he tenido la oportunidad de alegar mis razones, por lo que lo más que probable es que entre en prisión”, ha añadido la mujer.

A pesar de que en Michigan se permite alegar motivos religiosos para rechazar la vacunación, muchos colegios están obligados a impartir un curso a los padres en educación en salud a este respecto, tanto en centros públicos como privados. La mujer aseguró que había asistido a estos cursos. Y, según ella, ambos progenitores estaban de acuerdo en no vacunar al pequeño que ahora tiene nueve años. El matrimonio entre ambos fue anulado pocos meses después del nacimiento de su hijo. La madre reiteró que “no está en contra de las vacunas, pero sí que debe ser una decisión de los progenitores”.

El movimiento anti vacunas en el mundo

En Estados Unidos las autoridades sanitarias tienen un problema con las familias que se niegan a vacunar a sus hijos. El sarampión se declaró erradicado en el año 2000 y, sin embargo, en 2014 surgieron 23 brotes con 668 infectados. A finales de la década de 1970, la tosferina se había limitado a un millar de casos anuales; pero solo en California en 2014 sufrieron una epidemia con casi 10.000 enfermos y más de 18.000 en todo el país en 2015. O en Minnesota, por ejemplo, donde se está experimentando en la actualidad el peor brote de sarampión en décadas, y en el que activistas contra las vacunas han intensificado su trabajo para desafiar los esfuerzos de los funcionarios de salud pública y los médicos para prevenir la propagación de la enfermedad altamente infecciosa.

Este movimiento anti vacunas comenzó con fuerza en EE UU en 1988, cuando una revista científica de prestigio publicó un estudio que relacionaba el autismo con las vacunas, investigación que ha sido desacreditada en múltiples ocasiones por toda la comunidad científica. Ahora, casi 30 años después, el propio presidente de la nación Donald Trump protege y apoya a estas familias, movimiento al que le dio crédito, incluso, antes de llegar a la Casa Blanca en múltiples ocasiones.

Y en Europa, los anti vacunas también están muy presentes. En Francia, por ejemplo, aunque a partir de 2018 va a ser obligatorio vacunar a los menores contra 11 enfermedades, una asociación está movilizándose para resucitar en el país el bulo de las vacunas y el autismo. Las familias quieren pedir una "indemnización por daños causados por la vacunación pediátrica", a la que consideran responsable de un aumento de los casos de autismo entre los niños.

Por esta razón, las leyes de vacunación están siendo reforzadas en toda Europa, donde la caída de la inmunización ha causado un aumento en enfermedades como el sarampión, la varicela y las paperas, según ha asegurado El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC). Italia, por ejemplo, ha aprobado una ley que establece la vacunación obligatoria para los niños de 0 a 6 años y sanciones a los padres que no cumplan con el calendario. Y en Alemania, donde la inmunización de los niños es voluntaria pero, desde que en 2015 el país sufrió un brote de sarampión, la canciller alemana, Angela Merkel, modificó la legislación y obligó a los padres que querían matricular a sus hijos en una guardería a entregar un justificante que asegurara que habían sido informados sobre los planes de vacunación.

FUENTES: 






 

lunes, 2 de octubre de 2017

El ritmo circadiano



Los científicos estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young han ganado el premio Nobel de Medicina de 2017, "por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano", según el jurado del Instituto Karolinska de Estocolmo, responsable del galardón. El premio está dotado con nueve millones de coronas suecas, unos 940.000 euros.

Gracias en parte a su trabajo, hoy se sabe que los seres vivos portan en sus células un reloj interno, sincronizado con las vueltas de 24 horas que da el planeta Tierra. Muchos fenómenos biológicos, como el sueño, ocurren rítmicamente alrededor de la misma hora del día, gracias a este reloj interior. Su existencia fue sugerida hace siglos. En 1729, el astrónomo francés Jean-Jacques d'Ortous de Mairan observó el caso de las mimosas, unas plantas cuyas hojas se abren durante el día hacia la luz del Sol y se cierran al atardecer. El investigador descubrió que este ciclo se repetía incluso en una habitación a oscuras, lo que sugería la existencia de un mecanismo interno.

En 1971, Seymour Benzer y su estudiante Ronald Konopka, del Instituto de Tecnología de California, dieron un salto trascendental en la investigación. Cogieron moscas del vinagre e indujeron mutaciones en su descendencia con sustancias químicas. Algunas de estas nuevas moscas presentaban alteraciones en su ciclo normal de 24 horas. En unas era más corto y en otras era más largo, pero en todas ellas estas perturbaciones se asociaban a mutaciones en un solo gen. El descubrimiento podría haber merecido el Nobel, pero Benzer murió en 2007, a los 86 años, por una apoplejía. Y Konopka falleció en 2015, a los 68 años, de un ataque al corazón.

El Nobel, finalmente, se lo han llevado Hall (Nueva York, 1945), Rosbash (Kansas City, 1944) y Young (Miami, 1949). Los tres utilizaron más moscas en 1984 para aislar aquel gen, bautizado "periodo" y asociado al control del ritmo biológico normal. Posteriormente, revelaron que este gen y otros se autorregulan a través de sus propios productos —diferentes proteínas— generando oscilaciones de unas 24 horas. Fue “un cambio de paradigma”, en palabras del neurocientífico argentino Carlos Ibáñez, del Instituto Karolinska. Cada célula tenía un reloj interno autorregulado.

La comunidad científica ha constatado desde entonces la importancia de este mecanismo en la salud humana. Este reloj interior está implicado en la regulación del sueño, en la liberación de hormonas, en el comportamiento alimentario e incluso en la presión sanguínea y la temperatura corporal. Si, como ocurre en las personas que trabajan en turnos de noche, el ritmo de vida no sigue este guión interno, puede aumentar el riesgo de sufrir diferentes enfermedades, como el cáncer y algunos trastornos neurodegenerativos, según destaca Ibáñez.

“El sueño es vital para la función cerebral normal. Las disfunciones circadianas se han vinculado a trastornos del sueño, a depresiones, al trastorno bipolar, a la función cognitiva, a la formación de la memoria y a algunas enfermedades neurológicas”, añade el neurocientífico del Karolinska. El síndrome del cambio rápido de zona horaria, más conocido como jet lag, es una muestra clara de la importancia de este reloj interno y de sus desajustes.

El investigador del Karolinska pone un ejemplo con un ciclo de 24 horas, en el que el reloj interno anticipa y adapta la fisiología del organismo a las diferentes fases del día. Si la jornada comienza con sueño profundo y una temperatura corporal baja, la liberación de cortisol al amanecer aumenta el azúcar en sangre. El cuerpo prepara sus energías para afrontar el día. Cuando cae la noche, con un pico de presión sanguínea, se segrega melatonina, una hormona vinculada al sueño.

Estos ritmos internos se conocen como circadianos por las palabras latinas circa, alrededor, y dies, día. La comunidad científica sabe ahora que estos guiones moleculares “alrededor del día” surgieron muy pronto en los seres vivos y se conservaron a lo largo de su evolución. Existen tanto en formas de vida de una sola célula como en organismos multicelulares, como hongos, plantas, animales y seres humanos.

En el momento de su descubrimiento, Hall y Rosbash trabajaban en la Universidad Brandeis, en Waltham, y Young investigaba en la Universidad Rockefeller, en Nueva York.



miércoles, 6 de septiembre de 2017

Niñas encarceladas

En Irán los menores son penalmente responsables desde los nueve años de edad, y los jueces suelen aplicar a rajatabla la 'sharia'. Así, pueden ser condenados a la horca por crímenes como el asesinato, tráfico de drogas y robo a mano armada. Estas fotos fueron tomadas por Sadegh Souri, ganador de la edición 2015 del concurso 'Lens Culture' sobre narración visual, en un centro iraní de detención de menores que se encuentran a la espera de su condena en cuanto cumplan los 18 años.


Mahsa tiene 17 años. Se  enamoró de un chico y quiso casarse con él, pero su padre se opuso al matrimonio. Un día, en medio de una discusión con él, se enojó y lo mató con un cuchillo de cocina. Sus hermanos pidieron la pena capital para ella. 





Sowgandh tiene 16. Cuando estaba sola en casa, los agentes de policía entraron con una orden de allanamiento y encontraron 250 kilos de opio, 30 gramos de cocaína y 20 gramos de heroína. Los narcóticos pertenecían a su padre pero, como sólo ella estaba en casa, fue arrestada y detenida. Ha pasado casi un año desde que ha sido encarcelada. Ninguno de los miembros de su familia la ha visitado.




Shaqayeq, de 15 años, ha estado en prisión desde hace casi un año por el delito de robo a mano armada en una tienda en Teherán. Fue sentenciada a muerte pero debe cumplir 18 años para que se ejecute la pena. En la fotografía aparece con su abuela, quien fue a visitarla después de un año de reclusión.




Las reclusas pueden mantener a sus recién nacidos con ellos en la cárcel hasta que tengan dos años de edad. Zahra se casó a los 14 años y tiene dos hijos. Ahora tiene 17 años y está en la cárcel por el robo de teléfonos móviles.




Khatereh tiene 13 años. Escapó de su casa después de que su tío la violó. Una semana más tarde, un grupo de jóvenes la atacó en un parque de Teherán y también la atacaron sexualmente. Para salvarse, hirió a uno de ellos con un cuchillo que llevaba en el bolso. Los policías la encontraron inconsciente en el suelo y, después del tratamiento, fue trasladada al centro penitenciario para delincuentes juveniles.




Nazanin tiene 16 años y fue arrestada hace seis meses por la posesión de 621 gramos de cocaína. El juez aún no ha emitido un veredicto.




Mahshid tiene 15 años y ha sido acusada de tener una relación ilegítima y transportar drogas. Sus padres están en prisión también por tener y consumir drogas.