En octubre de 2012,
la joven salvadoreña Sara Rogel, entonces de 18 años, estaba a punto de
terminar el bachillerato, cuando fue arrestada, condenada y sentenciada a 30
años de cárcel por “homicidio agravado” luego de un aborto que asegura se debió
a una caída.
“Fue un
accidente que dio vuelta a mi vida. Yo amaba a mi bebé y por una caída terminé
en la cárcel”, dijo este martes en una conferencia de prensa tras su
liberación.
Tras cumplir
casi 10 años en una prisión de mujeres, la Justicia de El Salvador decidió
conmutar la pena de Rogel en enero pasado y, tras varias audiencias y procesos
judiciales, un juez decretó a finales de mayo su libertad condicional.
“Fue muy
difícil porque me di cuenta de tantas cosas ya presa. Para mí me robaron mis
sueños, tanto de poder saber dónde estaba mi hija hasta terminar mis estudios,
de estar lejos de mis papás, que nunca me había separado de ellos, ni de mis
hermanos…”, dijo.
Su caso no es
el único.
Según
Agrupación Ciudadana, una ONG que aboga por la despenalización del aborto en El
Salvador, otras 16 mujeres se encuentran actualmente en las cárceles del país
por casos similares.
La nación
centroamericana, una sociedad conservadora y mayoritariamente católica, no
contempla excepciones para la interrupción del embarazo, incluso cuando ocurre
una violación o cuando la vida de la madre está en riesgo.
Esto ha
llevado a que decenas de mujeres, principalmente de zonas pobres, hayan sido
encarceladas a lo largo de los años por la muerte de sus fetos en casos en los
que aseguran haber sufrido abortos espontáneos.
Para muchos en
el país centroamericano, la llegada al gobierno del presidente Nayib Bukele,
quien prometió reformar las estructuras más anquilosadas de la nación, fue una
esperanza de que las cosas también podrían cambiar en esta área.
Pero cualquier
modificación sobre el aborto debe pasar antes por el Congreso, que no ha
contemplado su discusión luego de que Bukele alcanzara una mayoría absoluta.
El caso de
Sara Rogel
Rogel dice que
nunca esperó que su embarazo la fuera a llevar a la peor pesadilla de su vida. “Yo
amaba a mi bebé. Yo tenía todo lo que una madre deseaba, tener una bebé, que
estaba a punto de acompañarme”, dice.
Sin embargo,
asegura que un día, ya con ocho meses de embarazo, resbaló mientras caminaba
por su casa, ubicada en un área rural del departamento de Cuscatlán, en el
centro del país.
“Me caí, quedé
inconsciente y cuando desperté estaba en el hospital. No sabía qué pasaba, no
sabía nada de mi hija, nadie me decía nada de qué era lo que sucedía conmigo”,
recuerda.
Cuenta que por
un par de días vivió en la incertidumbre: los médicos solo le decían que no se
debía mover porque había perdido mucha sangre.
Según
denuncian colectivos feministas, cuando las mujeres llegan a los hospitales de
El Salvador con síntomas de haber perdido un embarazo, los médicos en muchas
ocasiones llaman a la policía incluso antes de iniciar un tratamiento.
“Cuando
reaccioné ya estaba privada de libertad, sin saber qué pasaba con mis papás,
qué pasaba con ella (con la bebé que había perdido)”, rememora.
El tiempo
perdido
Ahora, tras
casi una década en una cárcel de mujeres, la joven mira hacia atrás y cree que
lo sucedido acabó con las aspiraciones de su juventud.
“Estaba al
terminar mis estudios. Quería hacer una licenciatura en enfermería y,
lamentablemente, me pasó este accidente”, se lamenta.
Dice que el
periodo en la cárcel fue muy difícil: “anhelaba volver a mi casa, estar con mis
papás, con mi familia”. A pesar de todo, piensa que logró salir adelante, pero
reconoce que el dolor de lo que le sucedió la sigue persiguiendo.
“Fue algo muy
doloroso para mí porque nunca pensé que de un golpe iba a perder a mi hija y,
lo peor, que estuviera tras las rejas tantos años cuando no tuve nada que ver”,
cuenta.
Para ella, su
misión ahora es visibilizar la situación de las mujeres que continúan en las
cárceles de El Salvador por motivos semejantes al suyo. “Hoy aquí estoy
pidiendo que se haga justicia con mis demás compañeras que se han quedado
presas. Porque, así como yo sufrí ese daño, hay mucha gente detrás de esas
rejas con muchos años. Y yo quiero que se haga justicia con ellas también”,
dijo.
Agrupaciones
feministas de El Salvador denuncian que la penalización total del aborto afecta
principalmente a las mujeres más pobres y vulnerables del país, que luego deben
enfrentar procesos judiciales en los que, aseguran, se dan irregularidades y faltas
a las garantías del debido proceso.
En los últimos
años, acciones de grupos de defensa de la mujer en El Salvador han logrado la
liberación de al menos 50 mujeres condenadas por haber tenido un aborto.
En 2020, Cindy
Erazo fue liberada después de seis años en la cárcel tras ser sentenciada a 30
años de prisión por homicidio agravado, luego de que una emergencia obstétrica
durante su octavo mes de embarazo.
Y en 2019,
Evelyn Hernández, quien también había sido sentenciada a 30 años de cárcel
luego de que su bebé fuera encontrado muerto en el baño donde dio a luz antes
de desmayarse, fue liberada luego de casi tres años en prisión.
FUENTE: https://www.eluniverso.com/noticias/internacional/la-historia-de-sara-rogel-la-joven-salvadorena-liberada-tras-pasar-casi-una-decada-en-prision-por-un-aborto-nota/